En Madrid, una radio valía cincuenta euros
Dos pilas, cuatro euros; una radio chocha, cincuenta: así estábamos en el centro de Madrid. No es broma. De hecho, lo que más me sorprendió del brutal apagón de ayer no fue tanto el apagón en sí – siento la redundancia –, sino abrir los diarios digitales y las redes sociales tras la vuelta de Internet y leer a otras personas, todas de lejos del infierno azteca que es siempre esta capital, laureando el saber estar y la solidaridad de la gente. Es que ni de coña he visto eso. Pero ni de coñísima. Recapitulemos, va.