Porqué no hay papisas
Os habréis preguntado por qué no hay candidatas a Papa, probablemente no, y seguro que os interesa cero patatero. Pero aquí os voy a dar la explicación que no pedíais. Los tres grandes cultos monoteístas del medio oriente tienen una visión androcéntrica de la sociedad, porque en el momento de su edición los hombres tenían el monopolio de la violencia organizada de sus pandillas, por tanto de sus panoplias (lanzas, caballos, carros, etc) a causa de su fuerza física, cosa que es importante a la hora de blandir armas blancas y azuzar a cuadrúpedos. Las religiones evolucionaron junto a esas sociedades y en el Tanaj encontramos formas de organizarse propias de estas sociedades tribales y belicosas donde las mujeres tenían muy poca relevancia y eran consideradas casi que una idea poco afortunada de Dios. Hasta que acabamos en el islam y el cristianismo donde se expresan sociedades estratificadas o imperiales. En estas últimas etapas de la corriente abrahámica cambió la situación de la mujer un poco a mejor, frente a los cultos que existían antes. Pero estas sectas seguían siendo la consecuencia de la evolución de las culturas patriarcales donde surgieron, y mantuvieron intacto el ideario machista del Tanaj.
Allí Yahveh se dirige al macho de la especie humana:
"No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo." Éxodo 20: 1
Yahveh deja a la mujer en la situación de ser "pertenencia" del hombre. Más atrás la Biblia nos cuenta porque esto es así:
"Y Dios el Señor formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz hálito de vida, y el hombre se convirtió en un ser viviente." Génesis 2
El primer ser viviente creado por Yahveh es el hombre. Una vez confeccionados los árboles, los ríos y acomodado el hombre en el jardín del Eden, el dios bíblico dice:
"No es bueno que el hombre esté solo. Voy a hacerle una ayuda adecuada. (Génesis 2:18) Entonces Dios el Señor formó de la tierra toda ave del cielo y todo animal del campo, y se los llevó al hombre para ver qué nombre les pondría. (Génesis 2:19)"
Finalmente la "ayuda" que podían otorgarle los animales no convenció a ambos y Yahveh decide extraer a Eva del cuerpo de Adán.
"De la costilla que le había quitado al hombre, Dios el Señor hizo una mujer y se la presentó al hombre" Génesis 2:22
El inicio de la Biblia nos revela que sexo había sido prioritario para Dios y que sexo fue creado como una "ayuda" o "compañía adecuada". En el siguiente capitulo del Génesis para precisar la prioridad de un sexo respecto al otro y el sometimiento del sexo femenino, Yahvé dice:
"Multiplicaré tus dolores en el parto, y darás a luz a tus hijos con dolor. Desearás a tu marido, y él te dominará." Génesis 3:16
Este versículo también atribuye el deseo sexual a la mujer y no al hombre. La mujer es caracterizada como un ser dominado por el deseo y las pasiones: más emocional y menos racional que el varón. Los versículos anteriores (Gen 3:1-6) relatan como Eva es la primera en caer ante el engaño de la serpiente. Todo esto sería de gran trascendencia para los apologistas cristianos posteriores, que basándose en esos textos justificaron las ideas que los griegos mantenían sobre la "debilidad natural" del género femenino.
En la Biblia la mujer es tratada como un ser imperfecto y peligroso (Eclesiastés 7:26-28, Levítico 12: 1, 2-5, etc); nos la presentan directamente como una pertenencia (Éxodo 20:17, Deuteronomio 21: 11-14 Jueces 21: 7 10-12, Jeremías 8: 10 2, Samuel 12: 11, etc) o menos valorada que el varón (Levítico 27:2-3-4, Deuteronomio 22: 13-21, etc), y también como un ser impuro por naturaleza: se considera a la menstruante o a la mujer que había dado a luz, como sucia e "impura". Su "impureza" contamina también a los demás:
"Cuando una mujer tiene su flujo regular de sangre, la impureza de su período mensual durará siete días, y aquello que toque estará impuro hasta la tarde. Cualquier cosa sobre la que se acueste durante su período será impura, y sobre la que se siente. Quien toque su cama deberá lavar sus ropas y bañarse con agua, y estará impuro hasta la tarde. Quien toque algo sobre lo que ella se haya sentado deberá lavar su ropa y bañarse con agua, y estará impuro hasta la tarde. Ya sea la cama o algo en lo que ella se haya sentado, cuando alguien lo toque, estará impuro hasta la tarde." Lev. 15:19-23.
En el Antiguo Testamento encontramos historias de heroínas, como Ester o Debora, pero la heroicidad de estos personajes estriba en la defensa del nacionalismo religioso judío, son mujeres notables pero antes de amenazar el estatus que ha reservado para ellas su religión luchan para protegerlo. También en algunos pasajes del Nuevo Testamento Jesús hace cobrar protagonismo a ciertas mujeres (Jn 8:1-11, Jn 4:7-26, Jn 11:25-27, Jn 20, Mt 15:21-28, Mc 7:24-30, etc.). Pero de igual manera no hay un discurso novedoso en lo que se refiere a la situación de la mujer.
La inusual relación de Jesús con algunos personajes femeninos no habla de igualdad de los sexos, sino de la actitud proselitista de un movimiento religioso naciente que luchaba por extenderse llamando la atención de las capas de la sociedad más desfavorecidas, haciendo hincapié en sus textos en la relación del propio mesías con humildes pescadores, con los pobres, los enfermos, los desheredados, las mujeres. Es en ese sentido que existe un mensaje de "igualdad en la pobreza y hacia un mundo mejor", el "reino de Dios" que habrá de llegar pero aun no está.
Como veremos el cristianismo sólo habla de "igualdad en el espíritu". En cualquier caso, si las enseñanzas de Jesús hubieran dado a entender la idea de algún tipo de igualdad entre los sexos en este mundo Pablo de Tarso, antes de que se redactaran los evangelios que enmarcarían la figura de Cristo, ya había dejado escritos los preceptos para impedir cualquier interpretación en contra del machismo o a favor de la igualdad de los sexos dentro del cristianismo.
"Ahora bien, quiero que entiendan que Cristo es cabeza de todo hombre, mientras que el hombre es cabeza de la mujer y Dios es cabeza de Cristo." I Cor 11:3
Para dejar instaurada de un modo simbólico esta jerarquía entre la divinidad y los dos sexos con relación a su lugar en la sociedad, el apóstol utiliza la tradición del velo, que era un elemento de "decoro" femenino en todas las sociedades que abarcaba el Imperio Romano.
"Todo hombre que ora o profetiza con la cabeza cubierta deshonra al que es su cabeza. (I Cor 11:4) En cambio, toda mujer que ora o profetiza con la cabeza descubierta deshonra al que es su cabeza; es como si estuviera rasurada. (I Cor 11:5) El hombre no debe cubrirse la cabeza, ya que él es imagen y gloria de Dios, mientras que la mujer es gloria del hombre. (I Cor 11:7) De hecho, el hombre no procede de la mujer sino la mujer del hombre; (I Cor 11:8) ni tampoco fue creado el hombre a causa de la mujer, sino la mujer a causa del hombre. (I Cor 11:9) Por esta razón, y a causa de los ángeles, la mujer debe llevar sobre la cabeza señal de autoridad. (I Cor 11:10) ¿No les enseña el mismo orden natural de las cosas que es una vergüenza para el hombre dejarse crecer el cabello, (I Cor 11:14) mientras que es una gloria para la mujer llevar cabello largo? Es que a ella se le ha dado su cabellera como velo. (I Cor 11:15) Si alguien insiste en discutir este asunto, tenga en cuenta que nosotros no tenemos otra costumbre, ni tampoco las iglesias de Dios. (I Cor 11:16)"
El cabello largo y el velo se utilizan como símbolos para manifestar la autoridad sobre la mujer de su esposo y de Dios. En I Pedro podemos leer respecto a los "deberes conyugales":
"Asimismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos; para que también los que no creen a la palabra, sean ganados sin palabra por la conducta de sus esposas" I Pedro 3:1
Y Pablo diría:
"Porque la mujer casada está sujeta por la ley al marido mientras éste vive: pero si el marido muere, ella queda libre de la ley del marido." Romanos 7:2
Las corrientes cristianas más integristas y que no desechan estos versículos a causa de su contexto histórico, o que al menos encuentran en ellos el modelo hacia el que debe tender la familia, aun suelen distinguir entre la "inferioridad" y la "sujeción".
"Casadas, estad sujetas á vuestros maridos, como conviene en el Señor." Colonenses 3:18 "Las casadas estén sujetas á sus propios maridos, como al Señor." Efesios 5:22 "Porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia; y él es el que da la salud al cuerpo. 5:23 "Así que, como la iglesia está sujeta á Cristo, así también las casadas lo estén á sus maridos en todo." 5:23 "Cada uno empero de vosotros de por sí, ame también á su mujer como á sí mismo; y la mujer reverencie á su marido." 5:33
La mujer no es para ellos y ante Dios, inferior al hombre:
"Sin embargo, en el Señor, ni la mujer existe aparte del hombre ni el hombre aparte de la mujer." I Cor 11:11
La mujer esta subordinada en su asociación con el hombre, pero sólo porque sobre éste recae la obligación de trabajar y luchar en el mundo para sacar adelante a su familia, un argumento que también se puede encontrar en el versículo 4:34 de la surah An-Nisá en el Coran.
"Los hombres son responsables ("qawwāmūna" traducido también como "protectores") del cuidado de las mujeres debido a las diferencias [físicas] que Dios ha puesto entre ellos, y por su obligación de mantenerlas con sus bienes (para el sostenimiento de ellas). Y las casadas virtuosas son discretas y protegen en ausencia [de sus esposos] lo que Dios ha encargado proteger. Y a aquellas de las que temáis una conducta rebelde y obstinada, amonestadlas [primero], y [si no surte efecto] abandonadlas en el lecho y [en última instancia] golpeadlas. Pero si os obedecen, no hagáis nada contra ellas. Dios es Excelso, Grande".
Para entender este punto hay que volver al génesis en el que la mujer es la primera en caer y eso revela su debilidad frente al mundo, y por lo tanto la necesidad de ser protegida y mantenida. El machismo acaba en la frontera con la divinidad y en la promesa del "reino de Dios", pero esta frontera nunca debe traspasarse en la "vida terrenal", en la vida pública, en el hogar y en los templos:
"Como en todas las iglesias de los santos, las mujeres cállense en las asambleas; que no les está permitido tomar la palabra, antes bien estén sujetas como también la ley lo dice. Si quieren aprender algo, pregúntenlo a sus maridos en casa: pues es indecoroso que la mujer hable en la asamblea... Si alguien se cree profeta o inspirado por el Espíritu reconozca en lo que escribo un mandato del Señor." I Corintios 14: 33-34
Si "los desheredados" promovieron el cristianismo en los primeros años esto puede que incentivara cierta igualdad coyuntural. El poder de gestión de la iglesia se encontró hasta cierto punto más repartido entre los dos sexos. Pero a la vez que el cristianismo se iba popularizando y obteniendo poder dentro de la sociedad romana, también se arrebataba la responsabilidad concedida a las mujeres en los primeros tiempos. Con la adopción por el Imperio de la religión cristiana esta breve coyuntura finalmente desapareció y los "padres de la iglesia" retomaron las posturas paulinas y retornaron a las costumbres más misóginas de la tradición judía.
Ya en el siglo III las mujeres menstruantes no podían acercarse al altar en los templos, y hacia el siglo VII habían sido revitalizados todos los mitos sobre el poder destructor de la sangre menstrual. El parto fue considerado de nuevo como una experiencia contaminante. Hacia finales del siglo VI la ceremonia cristiana de la "misa de parida" ponía en práctica a través de la figura ritual del sacerdote los preceptos del Levítico:
"Cuando una mujer conciba y dé a luz un niño, quedará impura durante siete días, como lo es en el tiempo de su menstruación. (...) La madre deberá permanecer treinta y tres días más purificándose de su flujo de sangre. No tocará ninguna cosa santa, ni irá al santuario, hasta que termine su período de purificación. Si da a luz una niña, la madre quedará impura durante dos semanas, como lo es en el tiempo de su menstruación, y permanecerá sesenta y seis días más purificándose de su flujo de sangre." Levítico 12: 2-4-5
Entre los primeros que se ocuparon de revitalizar las instrucciones paulinas resalta Tertuliano, uno de los apologistas más importantes del siglo III, primero que escribió en latín. Tertuliano exaltó la ortodoxia y luchó contra la herejía al manifestar que sólo los portavoces autorizados de la Iglesia podían interpretar las "Escrituras". Como ya se ha visto en otras ocasiones para justificar la misoginia se vuelve a la caída de Eva en el Génesis:
"¿No sabéis que cada una de vosotras es una Eva? La sentencia de Dios sobre nuestro sexo persiste en esta época, la culpa, por necesidad, persiste también. Vosotras sois la puerta del infierno. Tú eres la que empezaste el árbol prohibido. Tú eres la primera que desertaste de la Ley divina. Tú eres la que le convenció a él, a quien el diablo no se atrevió a atacar. Por causa de tu mérito, que es la muerte, incluso el hijo de Dios tuvo que morir."
Doscientos años más tarde, hacia finales del siglo IV, San Juan Crisóstomo obispo de Constantinopla, famoso orador de su época, llamado "boca de oro" por su gran elocuencia, repetía el argumento:
"¿Qué ocurre con las demás mujeres, si (corromper a Adán) fue un acto de Eva? Sí, en verdad, son débiles y frívolas... Pues aquí se nos dijo que no sólo Eva sufrió el engaño, sino que "la Mujer" fue engañada. La palabra "Mujer" no debe aplicarse a una, sino a todas las mujeres. Por tanto toda la naturaleza femenina ha caído en el error."
En las mismas fechas San Agustín, obispo de Hipona, considerado uno de los más importantes filósofos de la antigüedad, (sus "Confesiones" y "De civitate Dei" se encuentran entre los clásicos del catolicismo) decía sobre la mujer:
"Lo que la diferencia, ya sea esposa o madre, es que es aún Eva la tentadora, de la que nosotros debemos protegernos en cualquier mujer... Yo no veo la utilidad que puede tener la mujer para el hombre, con excepción de la función de parir a los hijos."
Además de construir un machismo paternalista gracias a la naturaleza más débil de las mujeres por su culpabilidad en el abandono de "la gracia" y su "impureza" periódica, la iglesia reconstruía su papel doméstico enfocado a la crianza a través de la mitificación de la Virgen. Esta argumentación recurrente y la misma política respecto a la mujer continuo en las iglesias de la cristiandad desde que se institucionalizó el cristianismo hasta nuestros días. Los apologistas cristianos realimentaron durante milenios las tradiciones patriarcales de su sociedad.
Ocho siglos después de San Agustin, Tomas de Aquino también conocido como "Doctor Angélico" y "El Príncipe de los Escolásticos", uno de los mayores introductores de la filosofía aristotélica en la teología cristiana, pensaba al igual que Aristóteles que:
"A lo que se refiere a la naturaleza individual, la mujer es defectuosa y mal parida, desde el momento que la fuerza activa de la semilla masculina tiende a la producción de una similitud perfecta en el sexo masculino; mientras que la producción de una mujer deriva de un defecto en la fuerza activa o de alguna indisposición material, o de alguna influencia externa." Ag52-62
"El padre debe ser mas amado que la madre, pues el es el principio activo de la procreación, mientras que la madre es tan solo el principio pasivo".
Trescientos años después y mil trescientos desde Tertuliano, Martín Lutero reformador y revitalizador del cristianismo no fue diferente. Decía de las mujeres:
"Déjenlas tener su hijo y hagan lo que puedan; si mueren: benditas sean porque seguramente morirán en la noble labor y de acuerdo a la voluntad de Dios... Han visto que débiles y enfermizas son las mujeres infértiles; aquellas bendecidas con muchos hijos son mas sanas, más limpias y más felices. Pero si eventualmente se desgastan por tener hijos y se cansan y se mueren, eso no importa. Dejen que mueran pariendo, para eso están aquí." (Sobre la Vida Matrimonial, 1522)
Y cuatrocientos años después, en 1930 el Papa Pio XI escribía en su encíclica sobre el matrimonio cristiano:
"La sociedad doméstica que es el matrimonio debe ser reforzada por el orden del amor que implica la primacía del marido sobre la mujer y los hijos y la sumisión solícita de la mujer así como su obediencia espontánea."
Casi dos milenios separan a Tertuliano en los inicios de la expansión del cristianismo hasta el Papa Pio XI, durante los cuales las expresiones de los apologistas y los conservadores del mensaje cristiano en cuanto al rol de las mujeres se limitaron a reproducir el contenido machista de los evangelios.
Los cristianos actuales suelen celebrar en cambio que en los evangelios se hable de la "igualdad de los creyentes" excluyendo los textos bíblicos expuestos aquí, que fundamentan y han caracterizado el cristianismo durante casi dos milenios, olvidando que en estos textos como en otros, los evangelios no hablan tanto de la igualdad terrenal como de la "igualdad en el espíritu" o "hacia Dios" (Mt:10,24-25; I Tm:6,1; Tt:2,9; I Tm:6,1):
"Esclavos, obedezcan a sus amos terrenales con respeto y temor, y con integridad de corazón, como a Cristo. No lo hagan solo cuando los estén mirando, como los que quieren ganarse el favor humano, sino como esclavos de Cristo, haciendo de todo corazón la voluntad de Dios. Sirvan de buena gana, como quien sirve al Señor y no a los hombres, sabiendo que el Señor recompensará a cada uno por el bien que haya hecho, sea esclavo o sea libre". (Ef:6,5-8; Col:3,22; I P:2, 18)
El cristianismo, urgido por un mensaje que prometía la inminente llegada del "reino de Dios", nunca tuvo entre sus objetivos acabar con ningún tipo de desigualdad social "en este mundo", como expresó San Agustín:
"A la verdad que es preferible ser esclavo de un hombre que de una pasión, pues vemos lo tiránicamente que ejerce su dominio sobre el corazón de los mortales la pasión de dominar, por ejemplo. Mas en ese orden de paz que somete unos hombres a otros, la humildad es tan ventajosa al esclavo como nociva la soberbia al dominador. Sin embargo, por naturaleza, tal como Dios creó al principio al hombre, nadie es esclavo del hombre ni del pecado. Empero, la esclavitud penal está regida y ordenada por aquella ley que manda conservar el orden natural y prohíbe perturbarlo. Si no se obrara nada contra esta ley, no habría que castigar nada con esa esclavitud. Por eso, el Apóstol aconseja a los siervos permanecer sometidos a sus amos y servirles de corazón y de buen grado. De modo que, si sus dueños no les dan libertad, tornen ellos, en cierta manera, libre su servidumbre, no sirviendo con temor falso, sino con amor fiel hasta que pase la iniquidad y que, toda soberanía y poder humano aniquilados, Dios todo esté en todos". Agustín de Hipona, La ciudad de Dios, cap. XV.
Como el "reino de Dios" tardaba en llegar, ochocientos años después de San Agustín, Tomás de Aquino trató de reglamentar esta situación:
"El siervo es un instrumento animado, como se dice en la Política (libro I, Aristóteles), y por eso pertenece totalmente al amo; pues así como el uso de un instrumento corresponde al que obra, así también el uso del siervo corresponde al amo". Summa Theologiae, II-II, cuestión 57, artículo 4, respuesta a la objeción 2 (ad 2um)
Y en el grupo doméstico, existe una jerarquía entre esposos, entre padres e hijos, entre amos y servidores; donde se ve que una de las personas es un objeto de la otra:
"En la comunidad doméstica hay tres tipos de relaciones: la del amo con el siervo, la del marido con la esposa, y la del padre con el hijo". Summa Theologiae, I-II, cuestión 105, artículo 4, cuerpo del artículo (corpus)
Coincidiendo con Pablo en la dirección en la que debían situarse amos y servidores, maridos y esposas:
"Tú eres (Dios) quien somete a las esposas a sus maridos... y pone a los maridos sobre sus esposas (...). Tú enseñas a los esclavos a ser fieles a sus amos (...)."
Como expresión de sus nuevas sociedades la evolución de las grandes religiones monoteístas orientales desde el cristianismo al Islam representó una gestión más civilizada y paternalista del machismo que practicaban las bandas de pastores nómadas. Pero el cristianismo es como el fruto del café: oscuro, aunque nos parezca un objeto más claro si lo ponemos sobre un montón de carbón. Los textos sagrados de los monoteísmos orientales encierran un mensaje machista. En ellos se parte de una idea: a causa de la debilidad física y mental de la mujer, el varón debe ser el guía y el principal proveedor de recursos de la familia, lo que le aboca a tener que actuar en la esfera pública, y llegar allí a obtener cargos de autoridad necesarios para mantener a la comunidad. Esa predestinación de los varones se establece en el vínculo exclusivo del varón con Dios: conforme al texto bíblico (Gn17:1-12), solo los varones reciben "el signo de la alianza" con Dios (la circuncisión, realizada al octavo día del nacimiento).
"Este será mi pacto, que guardaréis entre mí y vosotros y tu simiente después de ti: Será circuncidado todo varón de entre vosotros." Gn17:10
La misoginia de la Biblia, que deviene de una religión de rasgos tribales fue hasta en las más oscuras épocas de nuestra historia identificable por muchos intelectos. Pero las versiones posteriores de las religiones monoteístas continuaron apoyándose en el mensaje misógino de la Biblia para desplegar toda suerte de argumentos cada vez más sutiles con el objetivo de dirigir y especializar a las mujeres en la vida y el trabajo domésticos, hacia la maternidad y la crianza, haciéndolas dependientes de los hombres. De ese modo mientras se insistía en su función de madre, (no sólo por medio de los textos bíblicos sino también a través de iconos surgidos posteriormente como el de de la Virgen Maria), se explicaba, ya desde el mito de Eva, a la mujer como un ser mentalmente más débil: más sentimental, irracional y pasional que el hombre, y por lo tanto no tan apta como éste para responsabilizarse de los asuntos de la comunidad, mucho menos para la jefatura del principal núcleo irradiador del machismo racionalizado. La Iglesia católica actual sigue basándose punto por punto en estas ideas, que Pablo de Tarso resumió en un versículo ejemplar:
"La mujer oiga la instrucción en silencio, con toda sumisión. No permito que la mujer enseñe ni que domine al hombre. Que se mantenga en silencio. Porque Adán fue formado primero y Eva en segundo lugar. Y el engañado no fue Adán sino la mujer, que seducida, incurrió en transgresión. Con todo se salvará por su maternidad, mientras persevere con modestia en la fe, en la caridad y en la santidad." I Timoteo 2:11-15