Cuesta creer que la presencia de Alvise en una procesión tenga algo que ver con la fe. A no ser que hablemos de fe en sí mismo, que es la única religión que parece practicar con devoción inquebrantable. Su aparición en Ceuta —por segunda vez en pocas semanas— responde más a una estrategia de saturación populista que a un acto de respeto religioso. Porque Ceuta, con su equilibrio frágil, su diversidad cultural y su posición geográfica, no necesita provocadores con complejo de libertadores. Necesita diálogo, estabilidad y, sobre todo, menos circo. Alvise Pérez pretende enfrentar a los inmigrantes con “mano dura” y defender la “cultura española” en una Ceuta que, por suerte, no necesita de ella