“Dar la mano a alguien puede llegar a sincronizar vuestros cerebros; desde que somos bebés buscamos el contacto físico”
Un gesto tan cotidiano como cogerse de la mano puede tener un efecto profundo en nuestro bienestar. Más allá de su simbolismo romántico o afectivo, estudios en psicología y neurociencia señalan que el contacto físico transmite seguridad, reduce el estrés y activa la liberación de hormonas como la oxitocina, vinculada al apego y la sensación de calma.