Informe del Senado confirma el acertado calendario revisado de vacunación contra la COVID-19 (2025) | The Heritage Foundation [ENG]
Robert F. Kennedy, Jr., el nuevo secretario del Departamento de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos (HHS), anunció recientemente que los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) ya no recomendarán la vacunación rutinaria contra la COVID-19 para las mujeres embarazadas y los niños sanos.
El Dr. Jordan Vaughn, presidente de la Fundación para la Investigación Microvascular, quien ha tratado a más de 4.000 pacientes con lesiones causadas por las vacunas, declaró que las vacunas contra la COVID-19 contienen la «proteína de espiga» del mortal coronavirus, la cual se reproduce y penetra en los órganos del cuerpo, incluidos el cerebro y el sistema cardiovascular.
Esta proteína de espiga es tóxica: «Desencadena inflamación, altera las barreras endoteliales, induce la formación de fibrina resistente a la degradación y favorece la formación de agregados similares a los amiloides. Estos efectos dificultan el suministro de oxígeno, dañan los vasos sanguíneos y contribuyen a patologías de coagulación que se manifiestan como síntomas persistentes de taquicardia, confusión mental, dificultad para respirar y malestar post-esfuerzo».
Las investigaciones, señaló Vaughn, también relacionan la proteína de espiga con la miocarditis.
El Dr. Joel Wallskog —cirujano ortopédico y copresidente de React19, una organización que representa a pacientes que han sufrido lesiones por vacunas— destacó que, según los datos clínicos, una de cada 800 personas vacunadas sufre un efecto adverso. El propio Wallskog se administró con entusiasmo la primera dosis de la vacuna de Moderna, pero posteriormente desarrolló una mielitis transversa, lo que le obligó a jubilarse por incapacidad médica.