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Ranciedad elitista

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Soto Ivars es un opinador del tipo de los escolásticos, de la especie de pseudorazonadores, que parece que dicen cosas racionales, únicamente porque saben racionalizar cualquier majadería, desde la existencia de dioses, hasta la de nazis con "sentido común". Solo se entiende el culto a este libelista si piensas que Iker Gimenez es un investigador y Pablo Motos un... bueno, lo que creas que sea Pablo Motos. Es normal que este escribidor obnubile a señores de mediana edad políticamente formados a través de la radio del taxi, la Televisión y Youtube.

Para muestra de sus contradicciones y ranciedades, siempre pongo de ejemplo su artículo sobre el nazi que le propinó un par de tortas al cómico murciano Jaime Caravaca. Este dijo en Tuiter, a colación de las intenciones del nazi sobre coartar la libertad de su hijo con el fin de que no le saliera gay: "Nada ni nadie podrá evitar la posibilidad de que sea gay, y de mayor se harte de mamar polla de negro. Y de negro obrero, nada de futbolistas. Que sabio es el tiempo, toca esperar". Entonces el nazi planificó con otros amigotes asaltarlo en su trabajo, allí le dio unos guantazos.

Soto Ivars en el artículo que publicó sobre este caso, nos decía: "Tras el insulto de Caravaca a Pugilato, hubo escarceo tuitero entre ambos". Ya de un plumazo se cargaba toda su imparcialidad impostada, puesto que un hijo nos vaya a salir homosexual sólo es insulto para un homófobo. Independientemente de que la intención de Caravaca fuera agriarle la paternidad a ese homófobo en concreto a la manera chaflutera de decir las cosas que tienen los murcianos, el "insulto" solo estaba en la cabeza del interpelado... y de Soto Ivars (por eso digo que es un rancio).

El articulista de medios, sin embargo, quiso convertir el sentir del nazi en un lugar común, en una situación de preocupación universal compartida por la buena gente que lo lee. Nos trataba de vender su relato desde la cabeza del nazi, como si fuera el "sentido común" de un padre preocupado por el futuro amoroso de su hijo, como si fuera normal para todos espantarnos ante la posibilidad futura de que nuestros hijos sean homosexuales y mamen pollas de negros; y, por tanto, resulte moralmente recriminable o insultante que nos hablen sobre esa posibilidad.

Tras un argumento errado sobre lo que podía expresar un cómico en calidad de usuario de red social fuera de su trabajo de cómico, el libelista volvía a asumir el "sentido común" del violento "Sin embargo, creo que nadie tiene derecho a agarrar por las solapas digitales a un señor que pasa por ahí y decirle que su hijo de tres meses va a zampar rabos". A continuación nos daba dos ejemplos de enfrentamientos "cara a cara" que no tenían que ver con la conversación epistolar que mantuvo Caravaca con el nazi, tirando de ese modo piedras sobre su tejado, y cuestionando su propia ocupación de escribidor en medios, tanto como la libertad de expresión en las redes.

Y una vez más escribía en términos del nazi "Admitámoslo: todos preferimos vivir en una sociedad en la que un insulto directo se salda con una multa". Ya sabemos que pronosticar la homosexualidad de un hijo solo es un insulto si te encuentras en la cabeza de un homófobo, pero sigue "todos queremos estar bien protegidos de la ley del talión y de nuestros instintos asesinos; pero, al mismo tiempo, a veces dos galletas levantan un arco de justicia poética insuperable", por supuesto mientras sean cómicos murcianos wokes, y no un libelista rancio, en ese caso si te cascan dos guantazos por tus opiniones será censura, cancelación y opresión izquierdista.

La justificación de Soto Ivars a esto es paradógica porque él, tan aparentemente preocupado por la cancelación en redes sociales, viene a concluir que puedes poner a parir a Alá y al islam escribiendo artículos, no mejores que los comentarios promedio de foropolicia, en webs periodísticas acreditadas por la oficialidad imperante. Sin embargo, no es conveniente hacer eso mismo interpelando a un Mohamed en concreto en el Tuiter. Y si el Mohamed te pilla por la calle y te atiza un par de guantazos, pues entonces se trata de "justicia poética", porque existiría un orden natural llamado "rifa de bastos" ¿?

Si ese "orden" existe, entonces claro que lo conveniente es que, por el simple hecho de mantener nuestra integridad física, nos cancelemos a nosotros mismos allí donde tenemos más libertad para discutir con los demás: en las redes sociales. Pero toda esta argumentación se parece demasiado a la de el Perro, que viene buscando separar la opinión de "periodistas de verdad" de la de cualquier otra persona, a la de los "medios acreditados" de la de las "redes sociales" y sus usuarios, con el propósito de poder cancelar con más facilidad a estos últimos.

Con el fin de aplicar sobre los demás la cancelación que ellos no sufren por su elevada posición en los altares de los medios unos te amenazan con construir medidas legales, y otros con las reacciones de fanáticos violentos como una forma de orden natural inmutable e incluso justiciera. Todo el asunto, no obstante, nos lleva al mismo lugar, uno donde sólo puede opinar un establishment de opinadores acreditados por su pertenencia a los grandes medios, grandes masas de seguidores o a los gobiernos de turno.

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