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Dibujos animados

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Ayer me encontré con un video de La Filmoteca Maldita, donde relata la adquisición de Javier Milei, famoso presidente de la Argentina promotor de criptoestafas piramidales planetarias, de una serie de dibujos animados creada por un estudio de cine dirigido por mormones, en la que este pibe dilapidó media docena de millones de dólares con el fin de lavar el cerebro a los probres niños argentinos con majaderías anarcolibertarias.

Llamaba la atención del youtuber que los negocios más exitosos que emprendían los protagonistas de la serie, personas de corta edad, requirieron de la ayuda desinteresada de la comunidad en un proyecto colectivo en el que los beneficios acababan repartiéndoselos los niños. Siendo que la serie trata de persuadir con la idea del emprendimiento individual mientras arremete contra ideas colectivistas, al youtuber le parece que ese giro de los acontecimientos arruina la propaganda del resto de la serie. Pero al final el anarquismo libertario busca trascender el Estado, la misma situación que propone el comunismo o el colectivismo anarquista, solo que de una forma más realista.

Como explicaba Adam Smith las comunidades donde imperaría la justicia y las buenas prácticas sin necesidad de Estado emergerían gracias a la ayuda mutua, interesada y calculada, desde el egoísmo de cada individuo, como ocurre en las tribus, donde los favores y regalos entre los vecinos se guardan en la memoria colectiva, y están muy calculados. Nada es gratis y cualquier zarrapastroso con una nariz atravesada por un hueso, además de saber sobrevivir en la selva y enfrentarse con éxito a zarigüeyas, mantiene en su cabeza un registro meticuloso de las innumerables transacciones (en forma de "favores") que realiza con el resto de paisanos de su tribu.

Pero mientras que para Smith ese egoísmo lleva al progreso, la libertad y la verdadera filantropía, tal como soñaban los ilustrados, en el caso de los mormones (y de cualquier anarquismo) se mantiene fatalmente en un mundo tribal que ignora la posibilidad de maniobra que los individuos tienen en las sociedades estratificadas y abiertas a mercados más amplios. Ahí los pequeños cálculos de los pequeños grupos desaparecen porque no dependemos directamente unos de otros, y frente a las ofertas de tus paisanos tienes la libertad de optar por las de Aliexpress o por empresas especializadas que sabes que con el tiempo te van a salir más baratas que los "favores" del manitas de tu vecino.

La construcción social de los ancaps (y de cualquier anarquismo) se desintegra frente a un mercado global. Pero se entiende que los creadores de la serie tengan esa fantasía de consistencia comunitaria dentro del liberalismo, porque los mormones representan mejor que nadie el emprendimiento tribal de los europeos (de los anglosajones) durante la colonización de America del Norte. Los mormones en concreto acabaron mutando hacia una sociedad colectivista más amplia y de ahí a una corporación representada por su iglesia. Eran una fábrica colectiva mandada desde una teocracia. Esto preocupó a la burguesía useña, tanto como al resto de sectas que, aunque integrantes de comunidades religiosas fuertes, priorizaban el modo de prosperar individualista que marcaba la burguesía liberal.

Asi que en 1838 el gobernador Lilburn W. Boggs de Misuri, emitió una "Orden de Exterminio", declarando que los mormones debían ser "tratados como enemigos y deben ser exterminados o expulsados del estado si es necesario para la paz pública". Finalmente tras varias expulsiones y éxodos, la tribu mormona se asentó en el Valle del Gran Lago Salado. Pero los mormones eran como los chinos del momento (solo cambiando la doctrina de Mao por la de Joseph Smith), y no tardaron en crecer desmesuradamente en Utah, convirtiéndose de nuevo en una patata caliente para el gobierno federal. Hasta que, tras innumerables balaceras, fueron asimilados con la Ley Edmunds-Tucker (1887) que disolvió la corporación de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, se confiscaron sus propiedades y la sociedad mormona se integró, al menos superficialmente, en el sistema republicano liberal.

La historia de esos chiflados ilustra muy bien como los bloques económicos y políticos en los que nos dividimos en occidente no son monolíticos y que ninguna sociedad para prosperar y gestionar sus cosas esta ni muy lejos del libre mercado, ni tampoco del socialismo, ni en la práctica, ni en sus objetivos utópicos por más diametralmente opuestas que parezcan las ideologías.

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