Vivimos tiempos en que los poderosos pueden permitirse atropellar todas las legislaciones internacionales y todos los derechos humanos, solo hay un obstáculo que vencer, la opinión pública. Y ahí es cuando los medios resultan ser agentes necesarios e imprescindibles.
Cuando Estados Unidos decidió sancionar al régimen de Nicolas Maduro y trasladar el control de los bienes petroleros al líder opositor Juan Guaidó, activó una estrategia peligrosa en la que la gran víctima será el pueblo venezolano. ¿Por qué en Venezuela debe haber una negociación?
Pensar que en un futuro cercano los departamentos de recursos humanos lleguen a seleccionar a los trabajadores mediante un algoritmo, que la productividad empresarial esté por encima de las personas y que no se tengan en cuenta sus emociones, solo puede conducirnos a la autodestrucción.
Se pelean con un socialismo que no existe. Se pelean contra una antiutopía que no pertenece a nadie. Y claro, nuestra democracia es distinta porque no fue fundada ni por ni para las élites, como sí lo fueron las democracias liberales de Europa y de Estados Unidos. Contra ese modelo nos rebelamos y es que propusimos, ya hace 20 años, una democracia nuestra, fundamentada en el corazón soberano del pueblo venezolano.
Lo llaman populismo y no lo es. Vox es otra cosa. Es el producto de la implosión de una derecha sociológica atemorizada por los cambios culturales del siglo XXI. Y, también, de un apoliticismo transversal que aglutina una multiplicidad de malestares frente a la hegemonía intelectual de la izquierda. La suma de ambos vectores desemboca en una épica de combate ideológica que busca obsesivamente el orden moral y la unidad política. Estamos, por tanto, ante un fenómeno que va más allá del populismo.
La relación entre las fuerzas de mercado y el poder del Estado es el tema más importante en la evolución del capitalismo. Hoy día cobra más relevancia, debido a la difícil coyuntura por la que atraviesan los países subdesarrollados. En este contexto, la discusión sobre los instrumentos de política económica de que dispone el Estado es de gran importancia.
Hacer historia es hacer crítica. Si un fenómeno social no tiene orígenes, si no tiene génesis, entonces es candidato a pensarse como algo que siempre ha estado ahí, desde los orígenes del tiempo, y lo que no tiene principio tampoco tendrá acabamiento. La conclusión es inmediata: ese fenómeno social sería algo natural y, por tanto, algo que no se cuestiona. Ese fenómeno social no acepta una crítica en el sentido analítico: no tiene inicio, y eso impide pensar sus determinaciones históricas.
Lo que hicieron los trabajadores de La Canadiense es un ejemplo de lo que hay que hacer ahora, en caso contrario ya sabemos a dónde nos lleva la derecha y la ultraderecha que viene, que nunca se fue pero estaba, agazapada, trincando, esperando su momento.