Trece años y una mañana
Las prisas que se da la justicia podrían dar pistas sobre algunas cosas. Por ejemplo, si uno es fiscal general del Estado, y en pocos meses lo están citando para ser juzgado porque el novio de Ayuso se ha pillado un rebote que casi estampa el Maserati, la cosa pinta mal. Si, por el contrario, la cita para que un mandamás del PP se pase por el juzgado a comentar un grave episodio de la democracia española, tarda 13 años en llegar, la cosa suele pintar amable. Llámenme observador si quieren