Cuando me he puesto a considerar algunas veces las diversas agitaciones de los hombres y los peligros y las penas a que se exponen en la corte, en la guerra, de donde nacen tantas querellas, pasiones, empresas audaces y con frecuencia malas, etc., he descubierto que toda la desgracia de los hombres viene de una sola cosa: el no saber quedarse tranquilos en un cuarto. Un hombre que tiene suficientes medios de vida, si supiera estar en casa a gusto, no se marcharía para ir al mar o sentarse en una plaza. No se compraría tan caro un puesto en el ejército si no fuera insoportable el no moverse de…
“Dulce es ver el gran mar alborotado por la tempestad, y contemplar desde la tierra el enorme esfuerzo del otro; no porque ver su sufrimiento proporcione placer, sino porque es dulce saber de qué males te has librado. Dulce es asimismo contemplar grandes batallas de encrespada guerra en la llanura sin formar parte del peligro, pero nada hay más placentero que estar solo en los altos espacios serenos, bien protegidos por las enseñanzas de los sabios, desde donde puedes guardarte de la soberbia de los demás y verlos errar aquí y allá y rondar perdidos el camino de la vida, careciendo de…
Aline a Valcour: ¿De qué palabras podré valerme? ¿Cómo suavizaré el golpe que debo asestarte? Mis sentidos se turban, mi razón me abandona, ya no existo sino a través del sentimiento de mi dolor… ¿Por qué te vi? ¿Por qué esos rasgos encantadores penetraron en mi alma? ¿Por qué me arrastraste contigo al abismo? ¡Ay! ¡Cuán breves fueron nuestros instantes de dicha! ¿Quién sabe, Dios mío!, ¿quién sabe cuáles son los límites de los que deben seguirlos? Amigo mío, no debemos volver a vernos… Bueno, ya está dicho, esa palabra cruel; ¡he podido trazarla sin morir!… Valcour a Aline: Sí, la he leído,…