La neuroplasticidad, también conocida como plasticidad cerebral, es un proceso biológico que permite al cerebro adaptarse y reorganizarse en respuesta a estímulos internos y externos. Según Matt Puderbaugh y Prabhu D. Emmady, autores del libro Neuroplasticidad, “es la capacidad del sistema nervioso de modificar su actividad en respuesta a estímulos intrínsecos o extrínsecos mediante la reorganización de su estructura, funciones o conexiones”.
El neurocientífico estadounidense David Eagleman explora y revela en Una red viva: La historia interna de nuestro cerebro en cambio permanente (Anagrama, 2024) fascinantes secretos de la neuroplasticidad, las diversas estrategias que el cerebro humano lleva a cabo para reconfigurarse y aprender sobre la marcha, respondiendo tanto a los pequeños como a los grandes estímulos que se producen desde el ambiente exterior o desde el interior del propio cuerpo.
En el ámbito de la neurociencia, pocos nombres resuenan con la misma fuerza como el de Marian Diamond. Es que, a lo largo de su carrera, esta pionera desafió las ideas preconcebidas sobre la estructura y el funcionamiento del cerebro humano, en un momento en que la ciencia lo consideraba un órgano estático e inmodificable en la adultez.
La autoestima no es solo un concepto psicológico o una “sensación” subjetiva: también es un proceso biológico. Hoy, la neurociencia nos permite comprender cómo ciertas áreas del cerebro, neurotransmisores y hábitos cotidianos moldean la manera en que nos percibimos. Y lo más alentador: se puede entrenar.
La neuroplasticidad, esa capacidad extraordinaria del cerebro para reorganizarse y crear nuevas conexiones neuronales, representa uno de los descubrimientos más esperanzadores de la neurociencia moderna. Según la neurocientífica y psicóloga organizativa Nicole Vignola, autora de "Neurohábitos", "tenemos la capacidad de cambiar a cualquier edad. Así que hasta bien entrada la vejez, tenemos la capacidad de cambiar".