"Durante años, gran parte de la clase política europea prefirió hablar de la migración en términos morales e indiferenciados. El discurso de la apertura se presentaba a menudo como algo evidentemente virtuoso, mientras que las preocupaciones sobre la magnitud, la cohesión y la capacidad del Estado se trataban como cuestiones secundarias o sospechosas. Ese marco se ha derrumbado, entre otras cosas porque ignoraba distinciones que los ciudadanos de a pie nunca dejaron de hacer. La entrada ilegal no es lo mismo que la contratación legal. El asilo no es lo mismo que la migración laboral. La entrada de trabajadores altamente cualificados a través de una vía establecida no equivale, ni política ni socialmente, a la supresión de los controles fronterizos."
No veo en España este cambio de rumbo, todavía.
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