Estábamos en el mejor momento ferroviario del país cuando los maquinistas y usuarios anónimos avisaban de la falta de mantenimiento y sus riesgos. Era tan imposible que esto ocurriese, como que sufriésemos un gran apagón. Y lo peor es que este proceso de decadencia y empobrecimiento no va a ser fácil de revertir, menos aún si no se pone freno a la corrupción galopante que desvía los fondos que necesitan los servicios a chiringuitos, familiares colocados, putas, coca y demás partidas.
*