Los padres la entregaron a una familia de Mollerussa, en el Pla d'Urgell, siguiendo las costumbres y los rituales de matrimonio de la comunidad gitana a la que ambas partes pertenecen. En este contexto, la menor había normalizado la situación hasta el extremo de negar en todo momento que se haya sentido obligada a hacer nada de lo que le pedían, desde casarse con un joven más mayor que ella hasta pedir limosna en la calle para contribuir a la economía de su nueva familia. Según ha avanzado Rac1 y han confirmado fuentes de la Guardia Civil a ElCaso.com, la adolescente ha declarado que no considera que la hayan secuestrado ni se veía como víctima de un matrimonio infantil forzado.
Es que me desorino