Contexto y publicación del encuentro
En enero de 1979, la señora Jean Hingley, vecina de Blue Stone Walk en Rowley Regis (cerca de Birmingham), vivió una experiencia insólita que relató inicialmente al The Dudley Herald. Más tarde, la investigadora de ovnis Eileen Morris amplió su testimonio, publicándolo en la revista The Flying Sorcerer Review en abril de 1980. Jean, entonces trabajadora en una fábrica de insonorización para automóviles, vivía con su esposo Sirel y su perro Hobo en una pequeña vivienda de protección oficial.
La aparición en el jardín
El 4 de enero, tras despedir a su marido a las 7:00 h en una fría mañana nevada, Jean advirtió una luz anaranjada sobre el jardín trasero, que pasó a un blanco intenso capaz de iluminarlo todo. Al ir a comprobar el interruptor del cobertizo, escuchó un extraño zumbido “zzz” y, al volver al interior, se encontró con tres pequeñas figuras flotando apenas 30 cm sobre el suelo.
Descripción de los seres alados
Los visitantes medían entre 1,05 y 1,20 m, vestían túnicas verde plateado con botones y llevaban cascos transparentes –como peceras– que cubrían sus hombros. Sus rostros eran pálidos, sin cejas ni orejas, con ojos negros de forma diamantina y bocas finas. Destacaban sus enormes alas ovaladas, cubiertas de motas marrones que refractaban un arcoíris de colores mucho más vivos que los terrestres.
Interacción telepática y curiosidades
Pese a su miedo inicial, Jean recuperó cierta calma y notó que los seres parecían leer sus pensamientos mediante una luz penetrante. Cada uno presionó el pecho para emitir un latido mecánico y, sin mover los labios, dijeron al unísono: “No os haremos daño”. Aclararon ser del cielo, mostraron conocimiento de Jesús y afirmaron que “todos iremos al Cielo” sin necesidad de templos. Bebieron agua de unos vasos que pudieron “magnetizar”, tomaron pastelitos sin tocarlos directamente y huyeron al negarse a fumar.
La nave y la partida
Al seguirlos al jardín, Jean vio una pequeña nave ovoide de unos 2,5 m de largo, ventanas circulares, una cola parecida a un escorpión y una especie de rueda en su parte superior. Al entrar, las luces parpadearon dos veces y la embarcación despegó silenciosamente, dejando una honda huella en el césped.
Secuelas y credibilidad
Tras el encuentro, Hobo recobró la normalidad, pero en la casa dejaron de funcionar el reloj, la radio y la televisión; las cintas de audio, manipuladas por los seres, quedaron distorsionadas. Jean sufrió dolor mandibular y molestias oculares, lo que la obligó a guardar reposo. A pesar de las burlas, su solidez moral y su activo papel comunitario (fomentó el cuidado de huérfanos y presidió la asociación de inquilinos) apuntalan la veracidad de su impactante relato, que continúa siendo uno de los incidentes ufológicos más extraordinarios del Reino Unido.
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Contexto y publicación del encuentro
En enero de 1979, la señora Jean Hingley, vecina de Blue Stone Walk en Rowley Regis (cerca de Birmingham), vivió una experiencia insólita que relató inicialmente al The Dudley Herald. Más tarde, la investigadora de ovnis Eileen Morris amplió su testimonio, publicándolo en la revista The Flying Sorcerer Review en abril de 1980. Jean, entonces trabajadora en una fábrica de insonorización para automóviles, vivía con su esposo Sirel y su perro Hobo en una pequeña vivienda de protección oficial.
La aparición en el jardín
El 4 de enero, tras despedir a su marido a las 7:00 h en una fría mañana nevada, Jean advirtió una luz anaranjada sobre el jardín trasero, que pasó a un blanco intenso capaz de iluminarlo todo. Al ir a comprobar el interruptor del cobertizo, escuchó un extraño zumbido “zzz” y, al volver al interior, se encontró con tres pequeñas figuras flotando apenas 30 cm sobre el suelo.
Descripción de los seres alados
Los visitantes medían entre 1,05 y 1,20 m, vestían túnicas verde plateado con botones y llevaban cascos transparentes –como peceras– que cubrían sus hombros. Sus rostros eran pálidos, sin cejas ni orejas, con ojos negros de forma diamantina y bocas finas. Destacaban sus enormes alas ovaladas, cubiertas de motas marrones que refractaban un arcoíris de colores mucho más vivos que los terrestres.
Interacción telepática y curiosidades
Pese a su miedo inicial, Jean recuperó cierta calma y notó que los seres parecían leer sus pensamientos mediante una luz penetrante. Cada uno presionó el pecho para emitir un latido mecánico y, sin mover los labios, dijeron al unísono: “No os haremos daño”. Aclararon ser del cielo, mostraron conocimiento de Jesús y afirmaron que “todos iremos al Cielo” sin necesidad de templos. Bebieron agua de unos vasos que pudieron “magnetizar”, tomaron pastelitos sin tocarlos directamente y huyeron al negarse a fumar.
La nave y la partida
Al seguirlos al jardín, Jean vio una pequeña nave ovoide de unos 2,5 m de largo, ventanas circulares, una cola parecida a un escorpión y una especie de rueda en su parte superior. Al entrar, las luces parpadearon dos veces y la embarcación despegó silenciosamente, dejando una honda huella en el césped.
Secuelas y credibilidad
Tras el encuentro, Hobo recobró la normalidad, pero en la casa dejaron de funcionar el reloj, la radio y la televisión; las cintas de audio, manipuladas por los seres, quedaron distorsionadas. Jean sufrió dolor mandibular y molestias oculares, lo que la obligó a guardar reposo. A pesar de las burlas, su solidez moral y su activo papel comunitario (fomentó el cuidado de huérfanos y presidió la asociación de inquilinos) apuntalan la veracidad de su impactante relato, que continúa siendo uno de los incidentes ufológicos más extraordinarios del Reino Unido.