El síndrome del explorador: ¡No puedo parar de aprender!
Algo empezó a llamarle la atención. Había muchas personas así: les pirraba aprender y buscaban trabajos que parecían llevarles, más que a la oficina, a la aventura. «Esto es un patrón», pensó Arancha Ruiz. Eran demasiados. Más que unos raros, parecían una especie. No resultaban conocidos; mucho menos, catalogados. No tenían nombre ni identidad.