Cuando la IA no basta: la inteligencia emocional como ventaja competitiva
No podemos seguir fingiendo que todo está bien mientras todo se va vaciando. No podemos seguir contratando talento si no sabemos cuidarlo. Necesitamos una revolución emocional. Elena no está en su puesto de trabajo. No es que se haya ido. No oficialmente. No dejó una carta de despedida, ni un discurso emotivo en la sala de reuniones. Simplemente —un día— dejó de aparecer. No está. Pero su nombre sigue en el organigrama. Su silla, intacta. Su correo, activo. Su ausencia, muda. Hay quien dice que se fue de baja. Que tenía ansiedad, o algo así.