Cómo justificar la violencia en dos cómodos pasos
Hay cosas que son cómodas y nos facilitan la vida. Por ejemplo, defender una causa recurriendo a la violencia. Porque estará muy bien lo de querer defenderla con argumentos y datos, pero a veces nuestra causa no es buena o los que no somos buenos somos nosotros razonando. Entonces, echar mano de la violencia puede ser un recurso socorrido para imponernos. La cuestión, claro, es cómo justificarla. Y, sobre todo, cómo hacerlo de forma asimétrica, de forma que la nuestra sea defendible, pero la de nuestros contrarios no.