La mayoría de las personas obedecen normas arbitrarias incluso cuando no les interesa hacerlo, según demuestran los experimentos
Al contrario de lo que suele decirse, las normas no están pensadas para romperse, ya que son fundamentales para la sociedad y existen para mantener la seguridad, la justicia y el orden frente al caos. Los beneficios colectivos del cumplimiento de las normas están bien establecidos, pero los incentivos individuales no suelen estar claros. Sin embargo, la gente sigue cumpliéndolas, y las razones son piezas de un rompecabezas que los investigadores del comportamiento humano llevan años intentando reconstruir.