Malos tiempos para la lírica
Acaba de sonar el tono del móvil que les sirve de despertador. Anatolia salta inmediatamente de la cama. Bibiano, como todas las mañanas, se hace el remolón, se despereza y estira como un perro que acaba de salir de la siesta, coge el teléfono y se sienta en cuclillas, frente a la pantalla, a mirar los últimos mensajes de su Instagram