Heinrich Schliemann, el niño que soñó con encontrar Troya
Comienza en una remota aldea alemana en el gélido diciembre de 1830. Un pastor protestante, viudo, alcoholizado y sin mucho dinero en el bolsillo, celebró junto a sus hijos la que sería su última Navidad. Pronto los mandaría a vivir con otros parientes que pudieran hacerse cargo de ellos. Como regalo en aquella ocasión triste, obsequió a su hijo Heinrich, de ocho años, un libro de historia universal con muchos dibujos y alguna litografía.