La censura franquista fue mucho más que un simple lápiz rojo: fue un estilo de gobierno, una forma de entender la moral
La censura franquista fue tan obsesiva que acabó pareciendo un sketch de humor involuntario. Durante casi cuarenta años, los censores decidieron qué podían leer, ver o hasta bailar los españoles. Y lo hicieron con un celo digno de parodia: Mogambo reconvertido en incesto para salvar la moral, un poema corregido porque contenía la palabra “sobaco”, fotos de Ortega y Gasset autorizadas solo si estaba muerto, y un Tribunal Supremo dedicado a juzgar bikinis como si fueran armas de destrucción masiva.