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Si necesitan empatía, que la pidan

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La agonía del sanchismo es como el tazón de cereales de nuestra infancia: en realidad no quieres que se acabe nunca. Por eso estas últimas sesiones de control (¿cuántas quedarán? ¿trece? ¿diecinueve?) hay que llevárselas despacio a la boca, saboreando el copo de maíz inflado recubierto de chocolate industrial, ralentizando la ingesta con la melancolía anticipada de un subgénero literario que hemos practicado jubilosamente y que va tocando a su fin: el de la narración del cinismo político desorejado.

comentarios (2)
  1. Putero
    La agonía del sanchismo es como el tazón de cereales de nuestra infancia: en realidad no quieres que se acabe nunca. Por eso estas últimas sesiones de control (¿cuántas quedarán? ¿trece? ¿diecinueve?) hay que llevárselas despacio a la boca, saboreando el copo de maíz inflado recubierto de chocolate industrial, ralentizando la ingesta con la melancolía anticipada de un subgénero literario que hemos practicado jubilosamente y que va tocando a su fin: el de la narración del cinismo político desorejado. Unos años delirantes donde todo fue científicamente mentira. Una plaga de desvergüenza que no sabremos si ha puesto huevos hasta que nazca otro gobierno.

    Mientras salimos de esa duda entomológica Pedro se afana por seguir pareciendo un presidente hasta el final, y ese esfuerzo heroico nos emociona como una carrera extra de Valverde cuando el Madrid va palmando. No porque la jugada vaya a acabar en gol, no porque Pedro vaya a conseguir sonar presidencial a estas alturas sino porque tendemos a respetar todo derroche de pasión a condición de que sea sincera. Y la pasión de nuestro eterno concejal madrileño por apurar la vida de presidente del Gobierno es verdaderamente inextinguible. He aquí un hombre que no negocia con su pulsión más íntima: se abandona a ella por entero. Ese afán palpitante es la única molécula de verdad que queda en él, su mero yo desnudo que él luego viste con sucesivas capas de falsedad variable.

    En el día del aniversario de la dana se inventó el personaje de líder compungido, incapaz de responder a la oposición porque la totalidad de sus pensamientos está ocupada por esas mismas víctimas que hace un año exacto dejó enfriarse en el barro con tal de asaltar Televisión Española y ver arder a Carlos Mazón, que contribuyó al sabotaje fallero de sí mismo con entusiasmo. Mal alumno del manual de resistencia, pero alumno al fin, el todavía presidente de la Generalitat ensayó en las Cortes valencianas el mismo truco que su maestro asegurando que no era día para la confrontación. Menuda jeta.

    La retórica del pucherito gubernamental fue de una desfachatez sublime. De pronto la bancada azul se había convertido en una sucursal de Cantora: certamen de copla con dinero público. La única que desentonó, una vez más, fue Yolanda Díaz. El disfraz de Bernarda Alba lo había clavado: la chaqueta de luto riguroso, el rouge trémulo en los labios, la frente surcada del mismo dolor que la Virgen de las Angustias en lo alto de una estación de penitencia. Pero…
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  2. Igorymi
    #1 muy acertado. Todavía engaña a muchos con los disfraces. Pero ya hay otros muchos que se Dan cuenta de los sinvergüenza que es. Le vale cualquier cosa con tal de manipular. Hasta los muertos de las desgracias le van bien.
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