Sancho II de Castilla, el rey que murió cagando
Dicen los Derechos Humanos que todos los seres humanos somos iguales, aunque la realidad nos dice que hay individuos que, por mor de su capacidad económica e influencia, son “más iguales” que los demás, para regocijo de la infinidad de personas “menos iguales” que sufren sus veleidades. Con todo, por mucho dinero, enchufes y posesiones que se dispongan, la muerte, guste o no, acaba por enrasar cualquier desigualdad entre las personas, aunque la forma en que la Parca pilla a cada uno, ya es harina de otro costal.