Se empeña el personal en mezclar liberalismo económico con liberalismo social, englobándolo todo en una especie de ente maligno, génesis de todos los males de la humanidad. Hablemos del liberalismo económico, injusto donde los haya, ya que promueve que las personas que parten con ventaja, ya sea esta en forma de herencia tanto económica, inmobiliaria o simplemente que por algún avatar del destino estén bien relacionadas con las capas altas del poder, lo tengan bastante más fácil que alguien que se ha tenido que labrar su vida desde lo más bajo, desde las cloacas de la sociedad. Empezando por…
No sé si lo habéis percibido pero en los últimos tiempos ha ido decayendo poco a poco la tradicional reticencia de los deportistas populares en España a la hora de expresar de forma directa y abierta (no solo tácita, como solía ser habitual) sus puntos de vista políticos. Y resulta que al hacerlo es posible darse cuenta de que en la mayoría de los casos tales puntos de vista resultan bastante rancios. De hecho no debe extrañarnos demasiado saber que ellos, como muchos ciudadanos normales, también tienen tales opiniones.
Ciudadanos es hoy uno de los puntales de un Gobierno que ha incurrido en casi todas las malas prácticas que cabe imaginar en una democracia liberal (ley mordaza, manipulación de la televisión pública, operaciones secretas en contra del independentismo catalán, presiones sobre la justicia, etc.). Todos aquellos autores que nos exhortaban solemnemente a emprender la senda reformista liberal hoy están callados. Cuando surgió el peligro de un gobierno de izquierdas, cerraron filas en torno a Rajoy y los suyos.
Feijo responde a una pregunta sobre la reciente ratificacion de la condena al maquinista del accidente de Angrois y la absolucion del responsable de ADIF. "Es evidente que si pasas a 190 donde hay un limite de 50 -60kmh, es un fallo humano determinante"
La política se ha convertido en una serie de Netflix. O, mejor dicho, la han convertido. Demasiadas horas de información y opinión. Y han de ser rentables. Se necesitan tramas continuas para retener la atención de millones de espectadores. Que son (somos) también votantes. Democracia emocional. Apelación constante a las vísceras.
Hace un par semanas debió de producirse una tormenta solar, o algún fenómeno parecido, porque nuestra clase política pareció entrar en un estado de súbita ebullición trasversal y sincrónica: mociones de censura entre socios aparentemente bien avenidos, adelantos electorales para neutralizar el regate en corto, transfuguismos con tufo a compraventa de cargos, dimisiones tácticas en pleno naufragio de proyecto… Semejante espectáculo ha agigantado la brecha mental y emocional que ha separado a nuestras élites del ciudadano de a pie
En el último episodio del concurso televisivo "La Casa Blanca en Uber: Cómo precomprar a un presidente estadounidense", pareció, fugazmente, que el presentador estaba leyendo el guion correcto. El presidente estadounidense, Donald Trump, afirmó en Arabia Saudita que el intervencionismo liberal era un desastre. Es cierto. Aseguró que no se pueden destruir y rehacer naciones. La Rusia postsoviética, Afganistán, Irak, Libia y Yemen son prueba de ello.
«Los jesuitas nos vienen con la cantinela esa del reinado social de Jesucristo, y con ese criterio político quieren tratar los problemas políticos y los económico-sociales. El Cristo nada tiene que ver ni con el socialismo ni con la propiedad privada, dijo que su reino no era de este mundo». Miguel de Unamuno