El actual sistema utilizaría el consumismo compulsivo de bienes materiales para anular los ideales del individuo y transformarlo en un ser acrítico, miedoso y conformista que pasará a engrosar las filas de una sociedad homogénea, uniforme y fácilmente manipulable mediante las técnicas de manipulación de masas.
Estos días el Ayuntamiento de Madrid, dentro del programa de celebraciones de los 400 años de la Plaza Mayor, ha instalado césped natural en ella, en una instalación del artista SpY (en un caso más de iniciativa interesante que se lleva a cabo de manera temporal). Y eso nos ha permitido vivir algo que muchos nunca habíamos imaginado: que una plaza dura, en la que apenas no hay sitios para sentarse aparte de las terrazas, una plaza por la que es incómodo pasear y en la que no hay nada más que adoquines, se convierta en un lugar de disfrute.
Hace un año, más o menos, Cristina Romero, de Girona y madre de un alumno de Primaria, inició una campaña para evitar que cada día se tiren a la basura toneladas de alimentos que sobran en los comedores escolares. Para conseguirlo hay que cambiar o regular de otra manera la Ley 17/2011 de Seguridad Alimentaria y Nutrición que prohíbe la utilización de la comida que sobra por razones higiénicas y sanitarias y, además, no puede ser manipulada o transformada.
Hoy a estar horas muchos estaréis configurando, probando, experimentando con vuestro nuevos gadgets electrónico que os han regalado en Navidad. Así que es un buen momento para reflexionar sobre el concepto de la obsolescencia programada.
Todo empezó de una forma muy sencilla: algunas personas comenzaron a recorrer sus casas con la intención de deshacerse de todos los objetos que no utilizaban. En muchos casos, de forma caótica e indiscriminada. Pero poco a poco se fueron creando modelos de comportamiento más disciplinados, como los que proponen eliminar una cosa al día, realizar una lista con cada objeto retirado o pasarse un año sin comprar nada que no sea imprescindible.
Xio Wang es un joven chino que fue conocido en todo el mundo en 2011. Entonces, ansioso por conseguir un iPhone, y sin tener dinero para ello, decidió vender uno de sus riñones para poder comprarlo teniendo 17 años. Sin embargo, en la clínica ilegal donde le operaron, Wang contrajo una infección. Esta infección le llevó a una insuficiencia renal que hace que ahora, más de siete años después, viva en una cama conectado a una máquina de diálisis y necesite asistencia las 24 horas del día.
Si consideramos que el capitalismo es el sistema de organización social basado en la propiedad privada supeditado a las normas del mercado, veremos que tal definición se queda corta para referirnos al momento actual (en las democracias occidentales). Hay que añadir el consumismo, el cual se ha convertido en el verdadero motor que hace girar la sociedad. A medida que el capitalismo se va generalizando como sistema único en el mundo, damos por supuesto que el consumismo se extenderá de la misma manera
Los retos ambientales son una de las principales preocupaciones de la sociedad actual. La constatación de que el clima está cambiando a un ritmo cada vez más rápido y de que este cambio afecta al planeta de manera cada vez más visible está movilizando a gobiernos, instituciones, empresas y sociedad civil.
La obsesión humana por las mascotas ha alcanzado cotas tan elevadas que la mera posesión de animales domésticos convencionales empieza a resultar pedestre, casi un síntoma imperdonable de vulgaridad burguesa. ¿Quién podría presumir hoy de tener un cerdo vietnamita si tu vecino se pasea con archaeopteryx del jurásico «desextinguido» mediante la modificación genética de una urraca? Admitámoslo sin tapujos: los gatos persas y los bulldogs franceses han perdido toda capacidad para provocar envidia.
Hace un tiempo bromeábamos sobre el efecto de masas de las colas e hicimos una prueba en plena Plaza Porticada de Santander. Cinco personas nos ubicamos conformando una cola frente a una de las anodinas, pétreas y grises columnas de la plaza. A los tres minutos ya se habían acercado varias personas a preguntar para qué era la cola, que si qué iban a repartir, que si faltaba mucho…
La cultura de consumo occidental está creando una crisis psicoespiritual que nos deja desorientados y sin propósito. ¿Cómo podemos tratar nuestra cultura enferma y curarnos?, se pregunta el autor. Nuestro descenso a la era de la depresión parece imparable. Hace tres décadas la edad media de inicio de la depresión era de 30 años. Hoy es de 14 años. Investigadores como Stephen Izard, de la Universidad de Duke, señalan que la tasa de depresión en las sociedades industrializadas occidentales se duplica con cada cohorte generacional sucesiva.