Las Leónidas son una lluvia de meteoros que se produce cada año entre el 6 y el 30 de noviembre, alcanzando un máximo de intensidad cada 33 años; las Leónidas muestran un pico de actividad debido a que el polvo del cometa Tempel-Tuttle no está distribuido homogéneamente a lo largo de su órbita. En años normales, las Leónidas producen tasas del orden de diez a quince meteoros por hora. Denison Olstead, profesor de la Universidad de Yale, observó que los trazos de los meteoros parecían provenir de la constelación de Leo, lo que le dió su nombre.
La roca más caliente jamás descubierta en la corteza terrestre alcanzó durante su formación una temperatura de 2.370 grados Celsius, incluso superior a la registrada en gran parte del manto terrestre. La roca, una pieza de vidrio negro del tamaño de un puño, se derritió en el impacto de un meteorito hace unos 36 millones de años, en lo que hoy es Labrador, Canadá.
Una nueva investigación de la Universidad Curtin en Australia ha aportado las pruebas más sólidas hasta la fecha de que los continentes de la Tierra se formaron por impactos de meteoritos gigantes que fueron especialmente frecuentes durante los primeros mil millones de años, aproximadamente, de la historia de nuestro planeta, que tiene cuatro mil millones y medio.
Una nueva investigación de la Western University muestra que la corteza lunar primitiva, que constituye la superficie de la Luna, estaba considerablemente enriquecida en agua hace más de 4.000 millones de años.
Por cada décima de grado de calentamiento global, cerca de 9000 meteoritos desaparecen en la Antártida. Esto significa que si el calentamiento continúa al ritmo actual, para 2050 podría haber desaparecido aproximadamente una cuarta parte de los 300 000 a 800 000 meteoritos que aún esperan ser descubiertos en el continente.
La lluvia de meteoros de las delta acuáridas del sur podrá ser vista desde el hemisferio sur y en las latitudes meridionales del hemisferio norte, mientras que la de las alfa capricórnidas se observará desde ambos hemisferios.
Los meteoritos proporcionan valiosos registros de la formación y evolución planetarias. Los estudios de su paleomagnetismo han permitido determinar la acreción en el disco protoplanetario, la evolución térmica y la diferenciación de los planetesimales, así como la historia de las dinamos planetarias. Sin embargo, el potencial de estos registros magnéticos para avanzar en el campo de la ciencia planetaria se ve gravemente obstaculizado por una técnica ampliamente utilizada: la aplicación de imanes manuales para ayudar en su clasificación.
El 6 de diciembre de 1866 impactaba en Cangas de Onís, en Asturias, un meteorito. Eran las 10.30. Está considerado uno de los más importantes del mundo. Procedía del Cinturón de Asteroides situado entre las órbitas de Saturno y Júpiter y los fragmentos en los que se partió están esparcidos por museos del mundo, de los cuáles varios están en el Museo de Geología de la Universidad de Oviedo.