La Policía Nacional investiga un extraño suceso ocurrido el pasado sábado día 11 de febrero cuando un hombre y su mujer, ambos hondureños, se lanzaron casi al instante desde la terraza de un primer piso en el número 5 de la calle de Puerto de Pajares del Puente de Vallecas. A tenor de los primeros datos, el hombre se tiró al vacío para escapar de su pareja y, a continuación, ella se arrojó detrás de él. Eran las 21.40 horas y se sospecha que podrían estar ebrios.
La Policía Nacional ha intervenido armas, munición y casquillos de munición detonada tras un tiroteo que comenzó en el barrio de las Tres Mil Viviendas, en Sevilla capital, este pasado sábado y que se prolongó durante la madrugada de este domingo. No constan heridos. Los agentes están investigando el origen de este tiroteo, del que recibieron varios avisos de los vecinos en los que alertaban de «detonaciones».
Hay que contar toda la historia de los disturbios de Kenosha de 2020 para evitar que sucesos tan trágicos se repitan. El documental abarca las dramáticas 48 horas que van desde el tiroteo policial contra Jacob Blake hasta el tiroteo de Kyle Rittenhouse. Página para apoyar económicamente el documental: https://www.gofundme.com/f/killingkenoshadocumentary
El ministro de Interior se niega a hacer públicas las razones, así como el procedimiento seguido y qué autoridad la concedió, tras considerar que se trata de «materia clasificada» que pondría en riesgo la seguridad y defensa del Estado en caso de desvelarlo.
Los vídeos de las dos cámaras táser y del locutorio muestran que los agentes dispararon descargas en la zona lumbar, golpearon y sujetaron durante diez minutos al hombre, que habría entrado al locutorio muy alterado, pero sin que se hubieran producido amenazas ni golpes a los agentes, según se observa en las imágenes. Un informe encargado por la familia atribuye a la presión sobre cuello y tórax una contribución decisiva en su muerte.
“¡Señora! ¡tenemos una alerta de intrusión! ¡Baje ahora mismo!“ “Salí en pijama a explicarles que se podían ir en paz”, rememora. “Pero no me dejaban hablar y no paraban de gritarme. (...) me gritaba en la cara y le dije que a mí no me hablaba así. Entonces me cogió el móvil y me estampó contra la pared para ponerme las esposas”