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Lo raro es que no haya sido denunciada :troll:

#2
La cara del juez David Mamán Benchimol está en la tele, lo que siempre es un mal presagio. En La Sexta lo atacan por haber hablado de las mujeres que interponen denuncias en violencia de género para lograr ventajas en procesos de separación. En el trocito de conferencia emitido en la tele, el juez transgrede varios tabúes: habla de las ventajas legales por ser mujer, del uso instrumental de las órdenes de protección en violencia de género y de la alienación parental.

Usted puede calificar todo esto como opiniones desinformadas, fruto del prejuicio machista, o como el relato de la realidad que un juez observa en el Juzgado de Violencia sobre la Mujer nº 8 de Madrid, del que es titular.

Sin embargo, pasa lo previsible: el Ministerio de Igualdad pide al CGPJ que lo sancionen. La interpretación de Igualdad es así de torticera: «Realizó diversas manifestaciones relativas a las mujeres víctimas de violencia de género, al ejercicio de sus derechos procesales y a la protección de las personas menores de edad, cuyo contenido resulta manifiestamente incompatible con los deberes de imparcialidad, respeto y sujeción al ordenamiento jurídico que rigen la función jurisdiccional».

Aunque Mamán Benchimol no se refiere a las víctimas de la violencia, sino a quienes fingen serlo para obtener ventajas, la máquina de la unanimidad gira sorda a los razonamientos. El ministerio decreta que el juez alienta el «bulo de las denuncias falsas», que según los datos oficiales manipulados por la Fiscalía rozan la inexistencia. En los periódicos hacen minería y entresacan de sus autos de sobreseimiento frases que delatarían una insensibilidad hacia las mujeres. Salen algunas abogadas a contar que sus clientas lloraban en la sala, afectadas por sus interrogatorios implacables. Cien asociaciones feministas lo denuncian. Se recogen firmas. En la radio hablan mujeres de sus malas artes, alguna condenada por este juez con pérdida de la custodia, pero presentada como «víctima».

Bajo el escándalo hay un posible pretexto político. David Mamán Benchimol lleva la instrucción por la denuncia por violación de una subordinada contra José Ángel González, el ex DAO de la Policía Nacional. Pienso que se alienta el linchamiento para disciplinarlo e influir en su decisión, como se hizo con el instructor Adolfo Carretero al publicarse el interrogatorio a Elisa Mouliaá e Íñigo Errejón o con el juez Ricardo González por su voto discrepante en la sentencia de 'la manada'. Un proceso de justicia paralela y difamación ritual que además sirve como advertencia para el resto.

Esto no se toca. De esto no se habla.

Yo no sé si David Mamán Benchimol es un buen o mal juez. Ignoro si opera con imparcialidad cuando se pone la toga. Pero sí sé que en esas declaraciones dice la verdad. ¿Ventajas legales? España es el único país de Europa con juzgados especiales en los que sólo puede sentarse en el banquillo a hombres denunciados por mujeres. Nuestra ley integral de violencia de género establece toda una batería de automatismos que resultan beneficiosos para una víctima, pero que se convierten en incentivos perversos para las denuncias instrumentales en un tipo de fraude muy extendido que no suele perseguirse ni condenarse: de ahí el famoso 0,001 por ciento.

La primera jueza que habló del abuso de las órdenes de protección y de los fraudes comunes en materia de violencia de género era progresista, feminista y de la asociación Jueces para la democracia. Se llamaba María Sanahuja y puso el grito en el cielo con valentía, nada más entrar en vigor el texto. Firmó junto a otras juristas de izquierdas, como Manuela Carmena y Empar Pineda, un artículo demoledor en 'El País' en 2006 donde criticaba el núcleo de la ley, que reduce a las mujeres a víctimas de facto y criminaliza a los hombres como agresores urbi et orbi.
Como a David Mamán Benchimol, a María Sanahuja la reventaron en los medios de comunicación con esa unanimidad aplastante que quiere que la gente piense que el que ha levantado la liebre está loco. Asociaciones feministas exigieron su castigo, entresacaron de sus autos aquello que sirviera para hacerle un traje y la jueza se arrastró por algunos platós de televisión asegurando que decía la verdad, y que le preocupaban las víctimas. En los platós le ponían enfrente, por ejemplo, a la hermana de una mujer asesinada. Su carrera sufrió un revés grave, terminó fuera de la asociación y finalmente desistió. No volvió a hablar públicamente nunca más.

Por eso, cuando yo escribía mi libro sobre las denuncias falsas, jueces y juezas hablaron siempre conmigo a condición de que guardase sus nombres en secreto. Era frustrante para mí, pero comprensible, porque cuando un juez habla a las claras de este asuntos, la reacción es automática.

Al leer estos días sobre las presuntas fechorías del juez David Mamán recuerdo también a la última jueza que vio su cara en los telediarios entre titulares relacionados con el machismo: Francisca Verdejo, del Juzgado de Violencia sobre la Mujer número 2 de Barcelona. Una asociación de «madres protectoras» acusó a Verdejo de maltratar a las víctimas de violencia con interrogatorios que rozaban el insulto y de negar un alto porcentaje de las famosas órdenes de protección, dejando a las víctimas desamparadas. Curiosamente, Verdejo tenía una trayectoria feminista. Había dirigido cursos en los programas de formación continuada del CGPJ, formó parte del Grupo de Expertos del Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género desde abril de 2006 hasta febrero de 2009, y publicaba tribunas en 'eldiario.es'.

Poco tiempo después de su linchamiento mediático, la Policía estaba investigando al grupo de «madres protectoras» que la hostigó, con la sospecha de que se dedicaban a dar soporte a mujeres que, tras denunciar y no obtener la orden de protección, huían de España con sus hijos y se los llevaban a Suiza. Algunas de las que atacaron a Verdejo por sus interrogatorios insensibles ni siquiera habían pisado la sala donde ella ejercía. El CGPJ archivó las denuncias de grupos feministas contra Verdejo, pero no respondió a su petición de amparo. La habían seguido a su casa, la fotografiaban y recibió amenazas. Terminó pidiendo el traslado. Después, el silencio.


Contarán como denuncia falsa las de la felona santaolalla?
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