como siempre en el Falcon, que quema más queroseno que la interminable procesión de coches atascados en la operación salida; en concreto, emite 2 toneladas de CO2 por cada hora de vuelo, y ello a pesar de su desaforado ecologismo, de su insistente defensa del medio ambiente. Y sin tener en cuenta, porque le sale gratis, la carestía de los combustibles después del cierre del estrecho de Ormuz. Y para más guasa, su avión ha aterrizado en la base militar de Rota
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