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AynRand
La Ilustración, de diseño anglosajón y protestante, ha dispuesto que la libertad humana debe estar limitada por el Estado. El Estado ilustrado es un trasunto del Dios de Lutero, es decir, del Dios protestante. Un Dios que, a diferencia del católico, no deja al ser humano margen de libertad, sino que de antemano lo salva o condena por predestinación. Tras la Ilustración, las funciones de Dios las asume el Estado. La dimensión secular no es más que un disfraz.

Hoy el Estado ha sido reemplazado por un nuevo Dios: el mercado. Es el mercado quien determina hoy las libertades humanas, que no pueden sobrepasar los límites de las libertades del mercado. Esas libertades —las mercantiles— son siempre muy aparentes e idealistas: engañosas tanto para el consumidor como para el propio mercado, en cuyo seno la competencia por la hegemonía es cruda y feroz.

En la obra literaria de Quevedo se expone un ideario radicalmente contrario a estos planteamientos posmodernos, donde las apariencias se desmitifican y las realidades adquieren su sentido original y genuino, de forma cómica, violenta y extremadamente crítica. Su obra principal, en este contexto, es la titulada Sueños (1627). Aquí explicamos por qué.
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