El problema fue que el salvaje asesinato de Ana Orantes fue un terremoto (con razón, por la incompetencia judicial y policial) y los políticos (todos) entraron en pánico. Nadie quería ser culpabilizado y se inició una carrera para ver quien protegía más a las mujeres.
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El problema fue que el salvaje asesinato de Ana Orantes fue un terremoto (con razón, por la incompetencia judicial y policial) y los políticos (todos) entraron en pánico. Nadie quería ser culpabilizado y se inició una carrera para ver quien protegía más a las mujeres.