Una persona levantó la tapa del retrete de su domicilio y se encontró una enorme cobra atascada en el desagüe. Al acudir un equipo de técnicos al domicilio para intentar sacar al animal de la tubería, la serpiente logró zafarse y se escurrió de nuevo por el desagüe.
44 millones de españoles no viven en Madrid. Pero a los madrileños eso les da igual. Pero lo que no entiendo es por qué seguimos aguantando que en los medios nacionales siga imperando un centralismo más propio de la España del siglo XIX que de la del siglo XXI. No entiendo por qué cuando en Barcelona se organiza una exposición sobre David Bowie no se habla de ella en las noticias con el mismo énfasis con el que se habla de una exposición de chorizos parrilleros organizada en el Matadero de Madrid. No entiendo por qué me tiene que importar a mí,
Mi envío rarito del día. Nuestra especie sabe disfrutar de su sexualidad como ninguna otra y, siendo tan creativos, cuando se trata de algo tan complejo como el sexo, las posibilidades son infinitas. Con amor, sin amor, con dolor, con toda clase de fluidos, entre dos, tres, diez personas, una sola y todo lo que puedas imaginar.
El debate de si es mejor el doblaje o la versión original subtitulada es una de esas discusiones que la única forma civilizada de resolverlas es a hostia limpia. Inspirada por Mussolini, la ley al respecto que se promulgó en nuestro país en 1941 establecía que «queda prohibida la proyección cinematográfica en otro idioma que no sea el español (…) …
En estos días de recogimiento, armonía espiritual y pasión religiosa, el corazón de los verdaderos creyentes se colma de amor y energía positiva. El de los verdaderos creyentes y, puede que también el de los ateos aburridos como yo, porque fruto de esta convergencia espiritual he tenido lo que podríamos llamar “una revelación”. Una idea del corazón a la mente, cuyo único propósito es aliviar la sacrificada labor de nuestros costaleros, verdaderos héroes de estos días.
Del teléfono Putin a las bragas Putin. Vladímir Putin en su país es una persona querida y famosa hasta unos niveles que desde aquí nos cuesta mucho comprender. Porque, salvando las kilométricas distancias, ningún español en sus cabales, por muy del PP que sea, se pondría una camiseta (y mucho menos un calzoncillo) de Mariano Rajoy. Por el contrario, la ropa, complementos, gadgets y hasta muñecos basados en la figura de Putin se venden como churros en las tiendas de souvenirs rusas.