No parece que Ciudadanos vaya a dar el paso para facilitar una moción de censura que permita echar de la Puerta del Sol a la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. Pero, aunque así fuera, fuentes de la izquierda confirman a Diario16 que el PP -antes de perder la institución que le facilita los privilegios para las grandes empresas españolas “amigas”- sacrificaría a Ayuso como ya lo hizo en su momento con Cristina Cifuentes.
Parler, una red creada con el respaldo económico de la multimillonaria ultraconservadora Rebekah Mercer, financiadora también de páginas de ultraderecha como Breitbart News o de escándalos delictivos como Cambridge Analytica, saltó a la fama por protagonizar un supuesto éxodo de exaltados seguidores de Donald Trump.
Sin quitarle méritos a la contratación de vehículos con conductor sin saber si están realmente desempeñando ese servicio por más de un millón y medio de euros, a la renovación de contrato para la seguridad del Zendal a una empresa que no vigila realmente por más de un millón de euros, a otro millón de euros pagado a una empresa de cáterin que sus comidas en el Zendal llevan moho de guarnición, a la falta cámaras mortuorias, laboratorio de análisis clínicos o quirófanos en algo que Ayuso llama hospital después de pagar a 750 € el banco.
Las siete hermanas eléctricas, en un perfecto oligopolio en marcha, fijan el precio del megavatio en función de la famosa Ley de Oferta y Demanda (cuando interesa): más demanda, frote de las manos y precios escandalosos. Menos demanda, ajuste de las subastas y precios escandalosos (siguen frotándose las manos). Hasta llegar a los 114 euros por megavatio de estos días inmersos en una ola de calor.
Luces por el centro de las ciudades, por los barrios, adornos navideños para animar a los ciudadanos y por otro lado, motivar el consumo. Con la tercera ola que va de la mano de más contagios y nuevas restricciones, ¿ha merecido la pena 'salvar la Navidad' para los comerciantes?
En una época donde las convicciones brillan por su ausencia no hay nada como un placebo para el alma. En el mercadeo de la política ya los hay de todas las clases, eso sí, todos muy dulces: consenso, diálogo, libertad de expresión, autodeterminación etc. Y siempre un ínclito prescriptor que lo receta.