Un reciente estudio de Pew Research Center viene a demostrar algo interesante: que los usuarios de Twitter difieren sensiblemente de la media de la población norteamericana, son generalmente más jóvenes, con mayor nivel de educación, con más dinero, y más despiertos y conscientes de la actualidad. El estudio refleja que Twitter es una red en la que el 10% de los usuarios crean en torno al 80% de los tweets y muchos usuarios se limitan a escuchar lo que otros dicen, pero aún así, se mantienen mejor informados.
Preguntado a la salida del Congreso por una periodista, el secretario general del Partido Popular, Teodoro García Egea, fue incapaz de repetir a la luz del sol lo que su jefe, Pablo Casado, acababa de asegurar dentro del hemiciclo: que el presidente al que acababa de nombrar la mayoría de la Cámara era ilegítimo. Una sonrisa pícara de García Egea, ante la pregunta, buscaba, sin encontrarla, la complicidad de la periodista –joder, que ahora estamos en la calle, no me hagas repetir aquí lo de ahí dentro y parecer un friki–.
Felipe González es de la clase de personas a las que hay que confrontar siempre. Esa gente que, en última instancia, cuando se dibuja una raya en el suelo y en un lado están los poderosos y en la otra los desposeídos (pongamos ‘descamisaos’, por utilizar su jerga), claramente se va a colocar en defensa de los que lo tienen todo. Y esa es, al final del día y sin matices, la línea que divide a la gente que merece la pena de la que no.
La televisión de las últimas décadas ha abusado de frases hechas que, en realidad, están completamente vacías. Y da igual, las siguen repitiendo, como salvoconducto, los que viven del espectáculo del enjuiciamiento de la intimidad del otro. Un buen ejemplo es la retransmisión de la historia interminable de la herencia de Paquirri. Aquí los dilemas se solucionan en los platós, que es mucho más rentable económicamente -y ególatramente- para sus protagonistas.
O sea, que Pablo Iglesias se ha tenido que quedar más a gusto que un linfocito bombeado por un corazón enamorado. Me hacen mucha gracia nuestros descolocados tertulianos, que se ven muy enfadados con este enroque ofensivo de rey. Pero es que parece que Pablo Iglesias fue engendrado y educado para en
Poco antes de fallecer, Umberto Eco regaló al diario “La Stampa” unas declaraciones que sirvieron de alimento para la controversia. Las redes sociales, decía el semiólogo italiano, «le dan el derecho de palabra a legiones de idiotas que antes hablaban solo en el bar después de un vaso de vino». Si la televisión ya había entronizado a voces poco educativas, Internet las ha consagrado. Se trata, dice Eco, de «la invasión de los imbéciles».
«Pretender que el sexo, la sexualidad y el color de la piel no significan nada sería ridículo. Pero pretender que lo son todo sería nefasto». Con esta afirmación termina el periodista Douglas Murray (Reino Unido, 1979) su ensayo ‘La masa enfurecida. Cómo las políticas de identidad llevaron al mundo a la locura‘, en el que explora cómo el fanatismo y los dogmas también hoy se disfrazan de buenas causas.
Mediación, mediación, mediación. Forzar una negociación sobre el estatus de Catalunya con un mediador internacional. Esa –y no la declaración unilateral de independencia– era la finalidad que perseguía Carles Puigdemont con la organización del referéndum de octubre. Estuvo cerca de conseguirlo gracias al tremendo impacto que tuvieron en todo el mundo las imágenes de la actuación policial el 1 de octubre.