#4 Qué hijos de la grandísima puta los de las residencias.
Qué mal cuerpo me queda cada vez que leo experiencias como ésas.
Llevas a un familiar querido a un sitio a que lo cuiden por ti, que no te da la vida.
No con poco sentimiento de culpa y angustia por separarte y dejar a alguien dependiente en manos de extraños.
Extraños a los que pagas un precio mayor que el que te cuesta vivir a ti. Un precio de lujo por un servicio de mierda.
Ahora comprendo a mi casera. Que decidió cuidar de su señora madre ella misma hasta el final.
Con mucha abnegación, se prejubiló, perdiendo dinero.
Su madre, una mujer ya nonagenaria, demenciada por la medicación y la edad, pero con energía para dar problemas, no dejar dormir ni casi bajar a los recados.
Fue buena hija. Porque pudo y tuvo la energía.
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Qué mal cuerpo me queda cada vez que leo experiencias como ésas.
Llevas a un familiar querido a un sitio a que lo cuiden por ti, que no te da la vida.
No con poco sentimiento de culpa y angustia por separarte y dejar a alguien dependiente en manos de extraños.
Extraños a los que pagas un precio mayor que el que te cuesta vivir a ti. Un precio de lujo por un servicio de mierda.
Ahora comprendo a mi casera. Que decidió cuidar de su señora madre ella misma hasta el final.
Con mucha abnegación, se prejubiló, perdiendo dinero.
Su madre, una mujer ya nonagenaria, demenciada por la medicación y la edad, pero con energía para dar problemas, no dejar dormir ni casi bajar a los recados.
Fue buena hija. Porque pudo y tuvo la energía.