Con Íñigo Errejón, el neocapitalismo engrasa su piel de cordero; un traje a medida, de guay, populista y transversal, para quien es capaz de montar un partido político como si fuera un quiosco de helados al centro de la playa. Entre sus valías más destacables está la de haber entregado el poder institucional a la derecha, tanto en el Ayuntamiento como en la Comunidad de Madrid.
En las discusiones en redes sociales, los datos pasan a ser irrelevantes, las sospechas (o la imaginación) se convierten en respaldo de los bulos y la demostración con pruebas fehacientes de la mentira solo sirve para reforzar las creencias equivocadas
Hay que decir que los trabajos en estudios de género dentro de la literatura científica se han puesto en varias ocasiones en duda por su mala calidad metodológica y, por ello, en promedio sus artículos reciben menos citas de otros artículos publicados en revistas fuera del área.
Esto fue a consecuencia que una empresa pública sería privatizada y fusionada con una firma siderúrgica privada. "Cuando las barbas de tu vecino veas afeitar, pon las tuyas a remojar” es un refrán que enseña que cuando ves que algo acontece a tu alrededor, lo mismo te puede pasar a ti, así que debes estar preparado o tratar de evitarlo. Pero además parece que la paciencia de los trabajadores se esta agotando.
La Agencia Europea de Medicamentos (EMA) ratificando los acuerdos de Bruselas está empezando a autorizar la comercialización de cinco vacunas. La primera autorizada es la vacuna desarrollada por Pfizer y BioNTech y esta va a ser la primera en distribuirse en España pero yo no tengo del todo claro si debo vacunarme.
Para mentir sobre Podemos, el panfletista se ha servido de todo un turbio entramado. Desde Villarejo, el PP y Manos Limpias hasta la élite de la comunicación y de las empresas. Las Cloacas del Estado son difíciles de desenredar, y los hilos habituales no eran suficientes: hace falta todo un ovillo que esta semana intentamos desenmarañar.
Un verdadero maestro no hace sentir inferiores a sus aprendices. Son aprendices. Así solo trata a sus alumnos un acomplejado, un miserable, un pobre diablo. Si tienes algo que enseñar, y de verdad tienes vocación de maestro, disfrutas enseñando. Con cariño, con respeto, y encantado de que alguien quiera aprender lo que tú sabes. O de lo contrario no lo haces.
Uno de los mayores dilemas de la Filosofía del Derecho se encuentra en el contenido moral de la ley. Durante siglos, centenares de autores han discutido sobre si la ley debe tener necesariamente un determinado contenido axiológico para ser válida, así como sobre la naturaleza de tal contenido, o si por el contrario basta con que sea aprobada por los cauces legalmente previstos para su validez.
No me gustan las teorías conspiranoicas pero me estoy acordando de aquella guerra comercial que el presidente norteamericano Donald Trump inició en marzo de 2018 imponiendo aranceles a productos chinos sustentados en el supuesto de “prácticas desleales de comercio” y “robo de propiedad intelectual” por parte de la nación asiática.
Parece ser, según las últimas informaciones, que el rey Juan Carlos usaba una fundación offshore, o sea en el extranjero, para ir pagándole periódicamente un dinerito a la reina Sofía. ¿Cuánto dinerito? Pues es de suponer que no poco, porque el tipo no se anda con chiquitas en cuestiones de pasta.
Me maravilla comprobar la solidaridad militante de nuestra derecha y de algunos periódicos tradicionales cuando se trata de Venezuela. De un tiempo a esta parte, se han convertido en incansables activistas de los derechos humanos, volcados con la lucha de los manifestantes caraqueños. Ojalá extiendan esa sensibilidad a otros territorios. Sorprende ver a nuestros conservadores, sobrevenidos revolucionarios, apoyando a un movimiento cívico-militar armado que corta con barricadas las avenidas y bombardea las instituciones desde helicópteros.
Lo que sigue es la traducción de Against Murderism, un artículo de Scott Alexander en el blog Slate Star Codex sobre la polarización política: Yo no quiero una guerra civil... Ahora mismo solo aspiro a que desaparezcamos de forma chula, víctimas de nuestro propio genio y de nuestro progreso intelectual, no de nuestras miserias y odios mutuos. Creo que es lo mejor a lo que podemos aspirar. Y creo que, como nación y como especie, lo podemos conseguir.
Un nuevo 12 de octubre y la acostumbrada retahíla de frases denigratorias de nuestro pasado hispánico y la idealización con ribetes de literatura fantástica de un mundo indígena más parecido a un Edén que a una sociedad humana.