Tenemos una Europa, dentro de lo malo (a ver mermados no nos faltan), que aprendió la lección y hoy amablemente, le muestra a este caballero lo que le ocurrió, precisamente en Europa y precisamente en esa plaza milanesa, al último italiano que iba por ahí etiquetando a ciudadanos como de primera, de segunda y de tercera y levantando la manita de atril en atril.
Un valioso recuerdo para navegantes y un loable acto de libertad de expresión antifascista.
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Un valioso recuerdo para navegantes y un loable acto de libertad de expresión antifascista.