En una montaña del desierto chileno, el gobierno estadounidense está instalando un sistema de encriptación de cinco millones de dólares para censurar automáticamente las imágenes de sus satélites espía antes de que los astrónomos de todo el mundo puedan verlas. Mientras tanto, en Suecia, la doctora Beatriz Villarroel ha encontrado más de 100.000 objetos que aparecen y desaparecen en fotografías del cielo tomadas en los años 50, cuando oficialmente no existía ningún satélite artificial orbitando la Tierra.
Estos dos hechos, aparentemente desconectados, están convergiendo para crear una de las controversias científicas más fascinantes de la década: ¿qué había realmente en el cielo sobre nuestras cabezas antes del lanzamiento del Sputnik en 1957? Y más importante aún, ¿cuánta verdad sobre nuestro cosmos ha sido sistemáticamente ocultada?