La cifra, inédita, es 2,7 veces mayor que el consumo de cannabis en la región, que se mantiene estable en un 9,7 %. De este modo, mientras las campañas de salud pública tratan de concienciar sobre los peligros de los porros y la coca entre los jóvenes, las pastillitas blancas para el estrés, la ansiedad y el insomnio van ganando terreno entre los adultos, hasta el punto de que se convierten en un compañero de vida.