Investigadores de la Universidad de Helsinki pasaron dos meses en la península Antártica midiendo el aire cerca de una colonia de 60.000 pingüinos Adelia. Cuando los vientos soplaban en dirección a la colonia, los niveles de amoníaco en la atmósfera se disparaban más de 1.000 veces por encima de los niveles de referencia. El amoníaco del guano reacciona con los gases sulfurosos emitidos por el fitoplancton marino, formando partículas de aerosol que generan nubes. Estas nubes reflejan la luz solar y ayudan a enfriar la superficie.