Una investigación ha descubierto genes relacionados con toxinas en un virus que ataca a bacterias que a su vez infectan a insectos. Un estudio publicado este martes en la revista «Nature Communications» ha mostrado de nuevo hasta qué punto los genes se mueven de un sitio a otro en el mundo de los microorganismos. Tal como han concluido, el fago WO, un virus especializado en infectar bacterias para reproducirse a su costa, transporta en su interior genes de insectos y arañas, incluyendo algunos de la temible viuda negra.
En un estudio recién publicado en la revista Scientific Reports, los investigadores de la UIC analizaron la expresión génica en tejido cerebral fresco -que se recogió durante una cirugía cerebral rutinaria- en múltiples momentos después de la extracción para simular el intervalo post mortem y la muerte. Descubrieron que la expresión génica de algunas células aumentaba después de la muerte.
Es una bacteria E. coli, pero al mismo tiempo es una forma de vida artificial. Dónde el resto de seres vivos de la tierra tenemos solo cuatro bases de ADN, este nuevo organismo nacido en un laboratorio tiene seis. Las dos bases adicionales pueden dotar a la bacteria de funciones totalmente inéditas. El organismo ha sido creado mediante la técnica CRIPR Cas-9 de edición de genes. El gran reto de este avance en modificación genética era lograr que los nuevos genes fueran estables a lo largo de todo el ciclo de vida del organismo.
Científicos de Cambridge han identificado una señal clave que el feto utiliza para controlar su suministro de nutrientes desde la placenta, lo que revela un tira y afloja entre los genes heredados del padre y de la madre. El estudio, realizado en ratones, podría explicar por qué algunos bebés no se desarrollan correctamente en el útero.
Los científicos han descubierto varios genes reparadores que protegen a estos animales contra el cáncer al reparar el daño celular y eliminar las células mutadas antes de que pueda desarrollarse un tumor. Podría pensarse que cuanto más grande es un animal, mayor es el número de células que contiene, con lo que, en principio, mayor es también la probabilidad de que algunas se conviertan en cancerosas. Sin embargo, esta correlación positiva no se cumple en la naturaleza, según lo que se conoce como ‘paradoja de Peto’.
Todos sabemos que nuestro ADN puede influir en nuestra salud de muchas maneras. Esto es cierto en el caso de las alergias, que es más probable que tengas si alguien de tu familia las tiene, y enfermedades como el cáncer de mama. La conexión también está presente cuando se trata del metabolismo y la capacidad de mantener un peso saludable, aunque todavía hay mucho que no sabemos sobre los detalles de esta conexión.
Entre los años 5.000 y 4.500 a.C., una tribu guerrera procedente de Asia aniquiló genéticamente a todos los hombres de la vieja Europa, provocando que ninguno de sus cromosomas “Y” sobreviviera. Las mujeres pasaron de una cultura en la que gozaban de la máxima consideración, a otra en la que fueron discriminadas y arrojadas al infierno. Los europeos actuales somos descendientes de esos belicosos Kurganes, un pueblo para el que la violencia de género era cotidiana.
En una investigación orientada a intentar esclarecer cómo exactamente el virus de Epstein-Barr causa cáncer en la sangre de adultos y niños, se ha descubierto cómo dicho virus toma el control de dos genes implicados en el desarrollo canceroso de manera que pueden activarlo o desactivarlo.
Así lo sostiene un estudio de la Universidad de Viena, que constata un incremento de entre el 1% y el 20% en el número de cesáreas desde los sesenta. Genes vinculados a la estrechez de pelvis que dificulta el nacimiento y que antaño provocaban la muerte en el parto, ahora se siguen transmitiendo. Con las cesáreas también se potencia el nacimiento de niños muy grandes.
Por primera vez intentaran curar a un paciente editando los genes de su cuerpo. La terapia modificará de forma permanente el ADN de una persona. En un mes comenzarán a verse los resultados. Como sea, dicen los especialistas, no hay vuelta atrás.
Desde que se descubrieron sus primeros huesos en Alemania en 1856, los neandertales nos han planteado muchas preguntas. ¿Por qué desapareció hace 30.000 años? ¿Tenemos todavía algunos de sus genes en nosotros? ¿Qué aporta el trabajo de descifrar el genoma neandertal?
Los investigadores descubrieron que las variantes genéticas del gen BSN, también conocido como Fagot, no solo aumentaban el riesgo de obesidad, sino que también incrementaban el riesgo de hígado graso no alcohólico y diabetes tipo 2.
La evolución se asocia tradicionalmente a un proceso de incremento de la complejidad y ganancia de nuevos genes. Ahora bien, la explosión de la era genómica muestra que perder genes es un proceso mucho más frecuente en la evolución de las especies de lo que se pensaba y puede favorecer nuevas adaptaciones biológicas que faciliten la supervivencia de los seres vivos.
Mediante el empleo de la tecnología de edición genética CRISPR, un equipo de investigadores estadounidenses ha descubierto más de 100 unidades genéticas vinculadas con la destrucción de tumores a través de tratamientos inmunológicos. El estudio, elaborado por el Instituto Nacional del Cáncer, sostiene que estos hallazgos mejorarán la eficacia de este tipo de terapias.
Una nueva investigación genética sugiere que el código de la vida no se formó como pensábamos. Un equipo de científicos propone que los aminoácidos surgieron en un orden distinto y en entornos más diversos, lo que podría reescribir nuestra historia evolutiva… y ayudarnos a encontrar vida más allá de la Tierra.