Recientemente en la Comunidad de Madrid tenemos una nueva tarjeta de transporte. Podría decir que es un título de transporte, pero no es algo cierto. En realidad, tenemos una tarjeta en la que podemos cargar algunos billetes (no todos) de trasnporte público de la región. Con mi afan cacharrero, aprovechando que la regalaban, la pedí on line. Al empezar a usarla, no hice más que lamentar la pobre lógica que encierra este soporte. Porque es una metáfora clara de lo que pasa cuando juntas tecnología del siglo XXI con una mentalidad de 1960.
El pasado 19 de marzo Bankia anunciaba que había completado en un tiempo récord -apenas dos meses y medio después de la fusión-, la integración tecnológica de BMN. Los resultados, sin embargo, no han sido tan satisfactorios como se podría esperar, según se lamenta UGT, que denuncia “oficinas colapsadas” y TPV que no reconocen las tarjetas, entre otros problemas.
El futuro de la energía solar pasa por la reducción de costes y por una mayor integración arquitectónica que permita que esta tecnología esté mucho más presente en nuestras vidas. Eso propiciará la descentralización, permitiendo minimizar las pérdidas al acercar los puntos de producción a los de consumo, y facilitará la democratización del sector. ¿Suena bien? Desde luego. Pero no es oro todo lo que reluce… algunos experimentos que estamos llevando a cabo dejan cuanto menos dudas más que razonables. Hablemos de las carreteras solares.
Primer prototipo del 737 MAX en su primer vuelo – Boeing Dentro de su cobertura del fiasco del Boeing 737 MAX The Seattle Times acaba de publicar dos interesantísimos nuevos artículos que sacan a la luz nuevas decisiones cuando menos comprometidas por parte del fabricante en cuanto al diseño del avión y una clara dejación de funciones por parte de la Autoridad Federal de Aviación (FAA) de los Estados unidos en lo que se refiere a su papel de supervisor de todo el proceso.
La competición ha muerto casi antes de nacer, aunque a su principal impulsor, el presidente del Real Madrid y de ACS, le cuesta aceptarlo. Es uno de los grandes reveses de su vida profesional. Las críticas son unánimes: le reprochan haber hecho las cosas mal desde el principio, sin contar con nadie, con arrogancia y con opacidad.