El mapa genético de la humanidad es un palimpsesto escrito a lo largo de cientos de miles de años, un registro mudo de migraciones, encuentros y mestizajes que la ciencia lleva décadas intentando descifrar. Uno de los enigmas más persistentes en este campo ha sido el de los llamados desiertos neandertales: regiones del genoma de los humanos modernos donde, a diferencia del resto del código genético, el ADN heredado de nuestros primos arcaicos es casi inexistente.
Este periodo coincide además con la presencia en China de varios homininos de gran cerebro, como Homo longi, Homo juluensis e incluso posibles poblaciones tempranas de Homo sapiens. Restos hallados en otros sitios, como Xujiayao y Lingjing, sugieren que esta diversidad biológica pudo estar relacionada con la sofisticación tecnológica observada en Xigou.
Así lo sostiene un estudio de la Universidad de Viena, que constata un incremento de entre el 1% y el 20% en el número de cesáreas desde los sesenta. Genes vinculados a la estrechez de pelvis que dificulta el nacimiento y que antaño provocaban la muerte en el parto, ahora se siguen transmitiendo. Con las cesáreas también se potencia el nacimiento de niños muy grandes.
Los astrónomos han pensado que para responder a esta pregunta, lo mejor es salir ahí afuera y encontrar una estrella similar al sol, pero que tenga el doble de edad. Y eso han hecho, empleando el conjunto de radiotelescopios más potente del mundo (ALMA, en el desierto de Atacama) han encontrado una estrella gigante roja “relativamente” próxima, que hace 5.000 millones de años era idéntica a nuestro sol.
Los monos, y en especial los más parecidos al ser humano (por ejemplo chimpancés, gorilas, orangutanes y macacos) son inteligentes y capaces de escuchar y comprender bastantes palabras humanas. ¿Podrían pronunciarlas y llegar a hablar, aunque fuese de modo rudimentario?
En un nuevo libro, documental y sitio web promocional, el paleontólogo Jorn Hurum, líder del equipo responsable del análisis del fósil de 47 millones de años de antigüedad mostrado en la imagen superior, sugiere que Ida es una especie crucial de nexo, un eslabón perdido en la evolución de los primates (guía interactiva de la evolución humana de la revista National Geographic).
Los seres humanos somos mamíferos y pertenecemos al grupo de los primates, que es el de los monos y los simios. De hecho tenemos un parecido notablemente mayor con los simios —gibones, orangutanes, gorilas y chimpancés— que con los monos. Por mencionar un único rasgo diferenciador, los simios no tienen rabo y los monos sí.
Diamandis divide la evolución inteligente o Meta-Inteligencia de los próximos 30 años en cuatro etapas, impulsadas a su vez por cuatro fuerzas, todas ellas paralelas entre sí en su desarrollo: El mundo interconectado (¿Internet?), la aparición del interfaz cerebro-ordenador (BCI), la aparición de la Inteligencia Artificial (IA), y la llegada del hombre a otros planetas. En solo tres décadas, nos moveremos de la primera etapa (el mundo interconectado) a la cuarta etapa (la conquista interplanetaria).
El Saccorhytus, una criatura marina de no más de un milímetro de tamaño y que vivió hace unos 540 millones de años, puede ser el primer paso conocido en la senda evolutiva que acabó llevando al surgimiento de los humanos, según un estudio de fósiles encontrados en China y que hoy publica Nature. El Saccorhytu era una organismo aproximadamente de un milímetro, con forma de saquito, de cuerpo elíptico, con una boca grande y en el que "misteriosamente" los investigadores no encontraron evidencias de que tuviera ano.
El virus de la gripe es un auténtico maestro de la transformación. En unas pocas décadas, su genoma puede evolucionar tanto como los genomas de animales lo hacen a lo largo de millones de años. Eso significa que las proteínas virales, incluyendo aquellas que alertan a nuestro cuerpo de una infección, se reinventan y amenazan constantemente a nuestro sistema inmunológico, y a los fabricantes de vacunas.
En sus entrañas se esconden las pistas para reconstruir la evolución del ser humano. “Después de 40 años de peritaje, sabemos que existen fósiles de homínidos desde 1,3 millones de años hasta la actualidad”, dice Eudald Carbonell, codirector de estos yacimientos. Y lo mejor de todo es que solo es la punta del iceberg. “Estamos excavando en ocho yacimientos, pero hay más de 200 –continúa-
Para ello han examinado restos homínidos correspondientes al Graecopithecus freybergi de 7.2 millones de años de antigüedad (Balcanes) hasta ahora de taxonomía incierta. El caso es que gracias a la secuenciación de ADN sabemos que los humanos comparten con el resto de primates un ancestro común pero no se sabe cuándo se separaron evolutivamente con certeza. El estudio de estos fósiles ha encontrado que este homínido en cambio presenta características anatómicas que se corresponden con el humano moderno lo que sugiere que éste fue el primer homo
Hablando con una compañera de trabajo, nos contaba, había surgido el tema de la evolución del cerebro y ambos se preguntaban si se ha detectado algún cambio en los cerebros en las últimas generaciones como mayor inteligencia o capacidades cognitivas diferentes. Incluso iba más allá: “Si tomáramos un hombre de hace 1.000 años, otro de hace 2.000 años, y así sucesivamente, ¿podría seguir una enseñanza universitaria?”, preguntaba.
La aparición de restos de neandertales y otros vestigios completa la secuencia de la evolución humana en los yacimientos de Atapuerca (Burgos), con la presencia de muestras de todas las especies que han existido en Europa desde hace un millón de años hasta nuestros días.
Los cazadores-recolectores que poblaron Europa hace entre 7.000 y 8.000 años, y cuyos ADN están analizando ahora científicos tenían la piel oscura y, muy probablemente, los ojos azul brillante, pero la piel oscura ancestral, podría haber sido una desventaja por lo que la gente de piel oscura y ojos azules, desapareció de Europa, inundados genéticamente por los invasores a lo largo del tiempo.