Llevaba 48 días disfrutando de su nuevo piso, la policía la confundió con una okupa y durmió en el calabozo
“¡Señora! ¡tenemos una alerta de intrusión! ¡Baje ahora mismo!“ “Salí en pijama a explicarles que se podían ir en paz”, rememora. “Pero no me dejaban hablar y no paraban de gritarme. (...) me gritaba en la cara y le dije que a mí no me hablaba así. Entonces me cogió el móvil y me estampó contra la pared para ponerme las esposas”