Equipos internacionales de astrónomos usaron el Atacama Large Millimeter/submillimeter Array (ALMA) para explorar la remota área del Universo plasmada por primera vez en la emblemática imagen del llamado Campo Ultra Profundo del Hubble (HUDF, en su sigla en inglés).
Una lágrima resbala por la mejilla de una persona. Cae en una taza de café. Lentamente sus moléculas se dispersan uniformemente en el líquido. Ella recuerda los sucesos ya inmutables del pasado y vislumbra los del futuro que podrá alterar. El café se ha enfriado y tiene la temperatura del ambiente. Esta cadena de eventos ocurren de una manera irreversible: no veremos al café volver espontáneamente a la temperatura inicial ni a la lágrima subir de la taza a la mejilla y al ojo de la persona, como una película proyectada del final al comienzo.
Es interesante reflexionar sobre el fin del universo. Y no hablo a corto plazo, como la forma en que los continentes chocarán en 250 millones de años, o cómo en mil millones de años el Sol será un 10% más brillante que hoy día comenzando un efecto invernadero que conducirá a la pérdida de los océanos de la Tierra; o cómo la galaxia de Andrómeda chocará con la Vía Láctea en 3 mil millones de años, o cómo el Sol se convertirá en una enana blanca en 7.800 millones de años. ¡Estoy hablando del futuro a largo plazo! del final de todo el universo.
Permítanme iniciar este escrito con un experimento imaginario. Supongamos que contamos con una manzana y la tiramos hacia arriba con cierta velocidad desde la superficie de la Tierra. Todos sabemos que ocurrirá después. La manzana ascenderá durante un tiempo, a medida que asciende la velocidad de la manzana disminuirá hasta llegar al punto álgido de su trayectoria en el que se parará.
Cuando pensamos en el origen del universo nos viene a la cabeza el Big Bang: una explosión en la que se creó un Universo muy caliente, el que con el paso del tiempo se ha ido enfriando y donde se han formado las galaxias, estrellas y planetas que ahora vemos en el firmamento. También nos dicen que en el Big Bang se crearon el espacio y el tiempo, así que no había “nada” antes del Big Bang, porque no había “antes”. Los cosmólogos trabajamos en entender como ocurrió el Big Bang, y si realmente hay “antes” o no.
Dos astrofísicos analizan una espectacular simulación de los próximos trillones de años. ¿Cómo será el futuro? Es una pregunta que muchos se han hecho, pero quizá solo unos pocos han querido imaginar el futuro más distante. No el mañana, sino el viaje que llevará al universo a su frío final. El realizador y compositor John Boswell, conocido por sus vídeos en YouTube como melodysheep, nos permite asomarnos a ese futuro, el recorrido del cosmos a través de trillones de trillones de trillones de años, hasta el fin de todo.
Los 5.000 detectores del DESI atraparán las luces del universo para observar cómo era en su fase de expansión temprana y una cifra récord de galaxias. Desde el Big Bang, el espacio se expande progresivamente. La causa de este crecimiento, que se acelera, es la energía oscura, que supone el 68% del universo. Este elemento, cuya composición es aún un misterio para la ciencia, está en guerra con la materia. Una ejerce una fuerza gravitacional para separar las galaxias mientras que la otra intenta, en vano, contenerlas.
Una de las ideas más anheladas (y discutidas) de la física es la posibilidad de que todas las fuerzas, partículas e interacciones conocidas puedan conectarse en un mismo marco teórico. Se le denomina «teoría del todo» y unificaría nuestra comprensión del universo. La teoría de cuerdas, en sus diferentes versiones, es posiblemente la propuesta más conocida.
Una mínima parte de la materia del universo, menos del 5%, estaba perdida. Ahora, un equipo de astrofísicos la han podido encontrar. Esta se halla ocupando el espacio entre las galaxias en forma de gas de hidrógeno y helio de muy baja densidad. El hallazgo ha sido posible gracias a una nueva técnica para cartografiar el cosmos que se publica esta semana en la revista Monthly Notices of the Royal Astronomical Society (MNRAS).
Son los mayores agujeros negros del Universo conocido, miles de millones de veces más masivos que nuestro Sol, pero se sabe poco sobre cómo se forman y crecen tanto estos monstruos. Los nuevos telescopios y técnicas nos ofrecen una nueva forma de observar a estos gigantes.
Cerca de un millar de físicos y físicas de todo el mundo han presentado esta semana los últimos resultados sobre la búsqueda de materia y energía oscuras, ondas gravitacionales, neutrinos y otras astropartículas. Entre ellos, la cosmóloga italiana Licia Verde explica cómo avanzan las investigaciones y los experimentos más punteros sobre nuestro universo.
El término Universo se corresponde a la totalidad del espacio y del tiempo, así como a la energía y la materia que contienen, obedeciendo a unas leyes físicas constantes. No estamos seguros de que exista un único Universo, y de existir otros (la teoría de los multiversos), las leyes físicas podrían ser diferentes. Lo cierto es que el Universo empieza a una escala mínima. Todo lo que nos rodea está formado de partículas elementales, que (..)
El fondo óptico cósmico (COB) es la luz visible emitida por todas las fuentes situadas fuera de la Vía Láctea. Este tenue resplandor de luz, que sólo puede observarse utilizando telescopios muy precisos y sofisticados, podría ayudar a la astrofísica a conocer mejor los orígenes del universo y lo que hay más allá de nuestra galaxia.
El Telescopio de Cosmología de Atacama, en los Andes chilenos, ha proporcionado la imagen más detallada de la materia oscura en una cuarta parte del cielo. El resultado confirma la teoría general de la relatividad sobre cómo las estructuras masivas han crecido y curvado la luz a lo largo de los 14.000 millones de años de evolución del universo.
Un equipo internacional de astrónomos, encabezado por Yoichi Tamura, de la Universidad de Nagoya, ha logrado captar imágenes de alta resolución de una antigua galaxia que existía apenas 600 millones de años después del Big Bang.