En la Edad Media, si querías impresionar a tus invitados, no era sufuciente ofrecer buena comida. La clave estaba en las especias, pero no en cantidad moderada. Para los nobles con dinero, como condes o barones, un buen banquete debía estar lleno de sabor y de ¿pretensión? Jengibre, canela, pimienta negra, azafrán, nuez moscada y muchas más eran parte esencial de las recetas. No era raro encontrar un faisán cubierto con una salsa que mezclaba hasta 17 condimentos diferentes.
La nueva investigación sostiene que el reino conocido como Sussex estaba formado por tres reinos. Estos serían equivalentes a lo que hoy se conoce como East Sussex, West Sussex y Hastings. El estudio postula que, además de la fragmentación, cada uno tendría un origen distinto al que se conocía. Este descubrimiento desafía la teoría de que West Sussex fue principalmente un asentamiento sajón y resalta una historia de resistencia y preservación de la identidad británica en la región.
La península Ibérica de finales del XIV y comienzos del XV era una amalgama de reinos (Corona de Castilla, Corona de Aragón, Reino de Navarra, Reino de Portugal y el Reino nazarí de Granada) que lo mismo guerreaban que se sentaban a la mesa a disfrutar de la gastronomía mediterránea. Castilla, cuyo territorio abarcaba más de la mitad de la península y con salida al Cantábrico, al Atlántico y al Mediterráneo, tenía un grave problema, sobre todo en el Levante [...]
En la Antigua Roma, el banquete o convivivum era un ritual social sumamente importante. Según The Met Museum, se distinguen varios tipos específicos de estas reuniones, aunque principalmente se dividen entre públicos y privados. Era en estos últimos donde los anfitriones se esforzaban por agasajar a sus invitados no solo con comida y bebida deliciosas, sino también con exquisitas decoraciones, vajillas lujosas, diversas formas de entretenimiento y especialmente con bellos regalos.
Una mujer que daba un paseo casual descubrió un tesoro de monedas medievales de plata en la República Checa. Mientras caminaba por la región de Kutnohorsk, en Chequia, se encontró accidentalmente con una vasija de cerámica. Aunque el recipiente estaba casi destruido, su contenido seguía intacto: más de 2.150 monedas de plata, conocidas como denarios. Se estima que el tesoro tiene unos 900 años de antigüedad.