En la prueba, que se está desarrollando en Londres, los consumidores deben pagar el equivalente a 12€ para entrar en el supermercado, que se descuentan de su compra. El pago con tarjeta –o, incluso, sin tarjeta–; las bonificaciones y descuentos personalizados; el sistema de compra online o la cada vez más frecuente apuesta de las medianas y pequeñas superficies por reducir el tiempo de espera en los establecimientos con medidas como las cajas de autopago son ejemplo de ese cambio del paradigma en el consumo.