Un análisis genético a un individuo medieval enterrado en el dolmen de Menga revela una compleja mezcla de linajes ibéricos, norteafricanos y levantinos, arrojando luz sobre la diversidad de Al-Andalus y la reutilización simbólica de monumentos prehistóricos.
En el verano del año 844 d.C., los vikingos asaltaron diversos puertos de la Península Ibérica y desataron el caos en las tierras de al-Ándalus, especialmente en las tierras de Sevilla. Con sus drakkars de velas negras y su extrema violencia, se abrieron camino por la costa, arrasando todo a su paso. Sin embargo, los habitantes de aquellas ciudades atacadas no se quedaron de brazos cruzados y libraron una feroz batalla contra los invasores.
Simplemente: si el Emirato de Córdoba hubiera contado alguna vez con un ejército profesional de más de ciento cincuenta mil soldados, como dice de la también inexistente “batalla de Covadonga”, jamás los reinos del norte habrían podido conquistar algo más allá de los montes cantábricos, si acaso. Y eso lo demostró y lo ratificó espléndidamente Almanzor, quien no quiso destruir y borrar los reinos llamados “cristianos”, porque no era eso lo que perseguía, sino solamente acabar con sus razzias por territorio califal.
Alpuxarras narra la conquista musulmana de la Península Ibérica y la posterior reconquista cristiana, hasta la expulsión de los moriscos en el siglo XVII. Se centra en la presencia musulmana en Galicia y en la colonización forzosa de las Alpujarras por los gallegos musulmanes.
Durante el siglo IX los vikingos recorrieron las costas de Europa, desde Francia hasta más allá de la península Itálica, atacando y saqueando ciudades y reinos sin distinción. Tras detenerse brevemente en las costas asturianas, donde no hallaron gran cosa, siguieron hacia Galicia y la costa portuguesa, para terminar arrasando la Sevilla musulmana en el año 844. Fue el 1 de octubre de ese año cuando 80 barcos vikingos remontaron el Guadalquivir y asediaron la ciudad durante siete días, causando numerosos muertos y tomando rehenes.
Policía y Guardia Civil alertan en sus últimos informes policiales de situación de la amenaza terrorista de una campaña que ha iniciado Dáesh para captar a jóvenes marroquíes y reclutarlos para las filas del grupo terrorista. No es la primera vez que el Estado Islámico recluta a jóvenes marroquíes del norte de Marruecos y en concreto de zonas como Castillejos, Tánger y Tetuán, pero estos informes ahora preocupan porque el objetivo es recuperar Al Andalus.