Cuando se aprobó el reglamento del Grupo B para el WRC, éste era un lienzo en blanco para todos los fabricantes. Hubo muchos de ellos que se inscribieron y lograron hacer historia, así como otros muchos que no consiguieron llegar siquiera a tomar la salida. No fue el caso de Citroën, quien sí llegó a tomar parte en el campeonato, pero un presupuesto reducido, un plan de test extremadamente contenido y su tardía aparición supuso un rotundo fracaso en las aspiraciones de la marca para con el campeonato.
La firma nipona Toyota se encuentra actualmente en un puesto privilegiado del automovilismo, con un dominio férreo en disciplinas como el WRC, el WEC y el rally Dakar. El caso que hoy nos ocupa toma como partida un modelo tan célebre como es el Celica, modificado por un equipo privado para acometer la aventura del Dakar a comienzos de los 80, con nimios resultados.